martes, 21 de octubre de 2014

Tecnología en la antigua Roma

Los romanos desarrollaron una agricultura sofisticada, mejoraron la tecnología del trabajo con hierro y de albañilería, mejoraron la construcción de carreteras (métodos que no quedaron obsoletos hasta el siglo XIX), la ingeniería militar, la ingeniería civil, el hilado y el tejido con muchas máquinas diferentes como la cosechadora, que ayudaron a incrementar la productividad de muchos sectores de la economía romana.

Los ingenieros romanos fueron los primeros en construir arcos monumentales, anfiteatros, acueductos, baños públicos, puentes de piedra y criptas. Algunas invenciones romanas notables fueron el códice, el vidrio soplado y el hormigón. Como Roma está situada en una península volcánica cuya arena contiene granos cristalinos, el hormigón romano fue especialmente resistente al tiempo. Algunas de sus edificaciones se han mantenido en pie más de dos mil años.

La civilización romana estaba altamente urbanizada para los estándares pre-modernos. Muchas ciudades del Imperio tenían más de 100 000 habitantes, siendo Roma la más poblada de la antigüedad. Los rasgos de la vida urbana romana comprendían edificios de varios pisos, calles pavimentadas, retretes de cisterna públicos, ventanas de vídrio y calefacción en suelos y paredes. Los romanos entendieron la hidráulica y construyeron fuentes y obras hidráulicas, especialmente acueductos. Algunas termas se han conservado hasta la actualidad. Los romanos desarrollaron muchas tecnologías que se perdieron en la Edad Media y no se reinventaron hasta el siglo XIX y el XX.

Para desvelar los misterios de la tecnología de Roma, basta con fijarse en una ciudad como Nueva York. Dinámica, bulliciosa, ocupada por millones de personas. La vida de la gente depende de la tecnología: calefacción central, dobles ventanas, retretes y agua potable en todos los grifos. La ciudad presume de un complejo entramado de carreteras, apartamentos, estadios deportivos y servicios médicos de última generación, pero ninguna de estas ideas es nueva; todas fueron desarrolladas por los romanos 2.000 años antes. En muchos sentidos, sin el ingenio romano la vida moderna no sería todo lo moderna que hoy es.

El Imperio Romano dominó Europa durante más de 500 años, desde el año 31 a.C. hasta su caída en el 476 d.C. pero para que Roma y su imperio sobrevivieran los romanos debieron de resolver muchos de los problemas que hoy afronta cualquier ciudad moderna; fue así como pusieron los cimientos del futuro.

Imaginemos que nos encontramos dentro de un inmenso estadio deportivo, rodeados de miles de seguidores que animan a su jugador preferido. Para el hincha apasionado es una cuestión de vida o muerte. En el Coliseo romano el ambiente no debía de ser muy distinto; la diferencia es que allí la muerte súbita no era un mero juego de palabras. Lo único que podía ser distino a cualquier evento deportivo actual es el olor, porque lo que se olía allí era sangre real.

El Coliseo romano era un elegante edificio de cuatro pisos. Los romanos no hacían nada a medias; en sus 487 metros de largo por 155 de ancho podrían aparcarse cuatro aviones Jumbo. Su capacidad era de 50.000 espectadores y es el más grande de los anfiteatros romanos. Si se construía otro mayor, se corría el riesgo de que los espectadores de la última fila no tuviesen una visión perfecta del espectáculo, así que el Coliseo es tan grande como lo permite la vista. Incluso para los estándares actuales se trata de un gran proyecto arquitectónico. En él se emplearon alrededor de nueve años, miles de trabajadores, cien mil toneladas de piedra caliza y trescientas toneladas de hierro para sostenerlo todo. Los muros interiores y exteriores están hechos a base de roca. Buena parte de su fortaleza estructural se debe a lo moderno y avanzado del hormigón utilizado.

Los romanos no inventaron el hormigón; tomaron prestada la idea, al igual que muchas otras, de civilizaciones a las que conquistaron, como los etruscos, quienes mezclaban cal, agua, arena y pequeñas piedras para hacer mortero de cal, aunque no era muy duradero, con el tiempo acababa derrumbándose. Los romanos solucionaron esto añadiendo un nuevo ingrediente que hacía su hormigón más consistente; un ingrediente forjado en el corazón de un volcán: la puzolana, una ceniza volcánica que se encuentra en las laderas del Vesubio, al sur de Italia. Al añadir puzolana al mortero de cal las moléculas de calcio quedan perfectamente ligadas. La prodigiosa técnica romana creó una mezcla tan versátil que incluso solidificaba bajo el agua. Los romanos llamaron a su milagroso compuesto caementum, es decir, cemento. Incluso si se le añadía un conglomerado de piedra a la mezcla se podía fabricar un hormigón más resistente y adaptable.

Los cimientos que sostienen el Coliseo, hechos de cemento y piedra tienen una profundidad de 12 metros. Los espectadores accedían al anfiteatro por una de sus 76 entradas, un sistema bastante parecido al de los estadios actuales. El laberinto de túneles y jaulas bajo el suelo de madera del estadio permitía albergar miles de fieras y gladiadores que aguardaban para entregarse a una lucha a vida o muerte. El perfeccionamiento del hormigón es uno de los avances tecnológicos más significativos que los romanos legaron al mundo.

Sin embargo, la ingeniería romana llegó a superarse a sí misma y alcanzó su mayor logro con el Panteón. Algunos expertos consideran que esta es una de las edificaciones más trascendentales de la historia. Construido en el año 118 d.C. como templo dedicado a dioses que hoy nadie venera, pero que todavía nos sobrecoge y sorprende. Cuando los arquitectos del emperador Adriano comenzaron a diseñar un nuevo templo dedicado a los doce dioses más importantes del culto romano, tuvieron que idear una estructura imponente. Se decidieron por una vasta cúpula de 43 metros de diámetro, que en el siglo II debió suponer una tarea ingente. Una cúpula maciza hecha de hormigón uniforme podría resultar demasiado pesada para sostenerse por sí misma; se necesitaba un material lo suficientemente ligero y resistente como para cubrir ese enorme hueco. Para construirla, un equipo de carpinteros elaboró un armazón de madera. A continuación los albañiles lo cubrieron con hormigón que ellos mismos alzaban en moldes circulares desde la base. Una vez retirado el armazón de madera se corría el riesgo de que la estructura se derrumbase, sobre todo si se utilizaba hormigón normal. Gracias a su pericia, los albañiles romanos llegaron a una ingeniosa solución: añadir al hormigón piedras cada vez más ligeras a medida que la cúpula ascendía, reduciendo así el peso de la carga. En la parte más alta se añadió piedra pómez, una roca volcánica capaz de flotar en el agua. En el vértice se dejó un agujero de 9 metros llamado oculus. El Panteón es uno de los edificios más extraordinarios jamás construidos.

Los arquitectos romanos fueron los primeros en resolver un problema al que se enfrentan la mayoría de urbanitas actuales: la falta de espacio. La mayoría de ciudades romanas se construían dentro de murallas defensivas, lo que limitaba el espacio disponible para construir, por lo que la única salida era construir hacia arriba. Ya en las primeras épocas de la historia de Roma había edificios de apartamentos de varias plantas. Una vez más, el elemento clave es el hormigón. Los pisos de los romanos, por dentro guardaban mucho parecido con los actuales. Los mejores tenían cocina, salón y un retrete, pero el gran invento de los romanos es el cristal en las ventanas. No habría sido posible sin la invención del soplado de vidrio que tiene lugar a mediados del siglo I a.C., pero no se conformaron con eso. Si se tiene un sólo cristal, la luz entra pero el calor se escapa, así que los romanos inventaron la doble ventana.

El término 'plomería' (fontanería) proviene de la palabra latina 'plumbus' que significa 'plomo'. Los técnicos romanos descubrieron una forma de fabricar tuberías moldeando láminas de plomo batido en un molde de madera. Los baños romanos cuentan con otro invento muy conocido: los retretes.
La intimidad no era demasiado importante en tiempos de los romanos y las letrinas eran tanto para hombres como para mujeres; se sentaban unos al lado de otros sin ningún tipo de separación. La limpieza sí que era importante, y aunque no disponían de papel higiénico se limpiaban con una esponja húmeda atada a un palo; lo que no se sabe es si cada uno se llevaba su propia esponja o si la compartían.

La creciente demanda de agua en el año I sirvió de acicate a los romanos para lograr sus mayores descubrimientos en ingeniería. Necesitaban una forma de llevar a la ciudad el agua de los manantiales que se encontraban a varios kilómetros y se sirvieron de la gravedad. Ya en el año 97 d.C. nueve acueductos transportaban casi 950 millones de litros de agua al día desde los manantiales de las montañas. En los acueductos, el agua se mueve únicamente por el efecto de la gravedad. El extremo que estaba en la fuente tenía que estar más alto que el de la ciudad y tenía que haber un plano inclinado constante durante todo el trayecto; la pendiente media rondaba en torno al 0,5%. Casi toda el agua fluía por túneles y depresiones, pero cuando encontraba algún obstáculo en el terreno construían partes elevadas para mantener el grado de inclinación correcto y permitir que el agua fluyera libremente. Sólo 47 kilómetros de los 418 que miden los acueductos de Roma son subterráneos. En los acueductos romanos el agua no fluye por una acequia abierta en lo alto, sino que lo hace por un canal cubierto que la protege de la contaminación.

En la antigua Roma el sistema de recogida de aguas fecales creado por los ingenieros eliminaba la amenaza de las enfermedades.

Los romanos tenían una industria médica, con el mismo tipo de técnicas que tenemos en la actualidad: anestesia e incluso cirugía plástica.
La medicina romana se dividía en diferentes especialidades como farmacia, medicina y cirugía.
Tenían incluso anestesistas que usaban opio y mandrágora blanca sintetizadas de flores y raíces. Puede que sus conocimientos de la anestesia fueran limitados, pero su capacidad para diseñar y construir instrumentos quirúrgicos no lo era. El instrumental romano es la base de todo el instrumental moderno. Los romanos realizaban operaciones de cataratas, del cerebro y extirpaban venas varicosas. Practicaban la cesárea, no como se hace ahora sino con un procedimiento más rudimentario para extraer el bebé a una madre moribunda, no la inventaron ellos como se cree erróneamente.

Para proteger al Imperio Roma entrena al ejército más disciplinado y eficaz que haya visto el mundo y lo equipa con el armamento más avanzado. Los ingenieros militares daban forma a metales y maderas para crear devastadoras armas de guerra. El arma principal del soldado de infantería romano era una temida espada llamada gladius. La hoja de doble filo medía casi 46 cm. de longitud y acababa en una afilada punta, pero si una espada podía ser letal de cerca, su lanza, el pilum, podía matar a cierta distancia. Era un arma diseñada para atravesar a la gente, para atravesar la armadura y los escudos.

Proteger a los soldados era tan importante como equiparlos para el ataque. Los primeros soldados romanos llevaban unas cotas de malla llamadas lorica hamata, hileras de arandelas macizas de bronce o hierro que se unen a unas anillas ribeteadas dispuestas horizontalmente, pero que eran muy vulnerables. Los armeros romanos inventaron un tipo de protección muy superior; se trataba de placas articuladas llamadas lorica segmentata, y eran unas placas de hierro superpuestas fijadas con tiras de cuero, bastante más ligeras que la cota de malla. Los escudos de las legiones romanas estaban hechos de contrachapado.

http://jesusgonzalezfonseca.blogspot.com.ar/2009/06/tecnologia-en-la-antigua-roma_27.html


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