Duro es el camino y se que no es fácil
no se si habrá tiempo para descansar
en esta aventura de amor y coraje
solo hay que cerrar los ojos y echarse a volar
y cuando el corazón galope fuerte, déjalo salir
no existe la razón que venza la pasión, las ganas de reír
Puedes creer, puedes soñar
abre tus alas, aquí esta tu libertad
y no pierdas tiempo, escucha al viento
canta por lo que vendrá
no es tan difícil que aprendas a volar
No pierdas la fe, no pierdas la calma
aunque a veces este mundo no pide perdón
grita aunque te duela, llora si hace falta
limpia las heridas que cura el amor
y cuando el corazón galope fuerte, déjalo salir
no existe la razón que venza la pasión, las ganas de reír
Puedes creer, puedes soñar... abre tus alas
Aquí está tu libertad
y no pierdas tiempo, escucha al viento
canta por lo que vendrá
no es tan difícil que aprendas a volar
Y no apures el camino, al fin todo llegará
cada luz, cada mañana, todo espera en su lugar
Puedes creer, puedes soñar...
abre tus alas, aquí esta tu libertad
y no pierdas tiempo, escucha al viento
canta por lo que vendrá
no es tan difícil que aprendas a volar.
El primer feminismo británico
Mary Wollstonecraft (1759-1797) inicia con su obra Vindicación de los Derechos de la Mujer (1792) la larga tradición del feminismo anglosajón.
Contraria al absolutismo de los reyes, señaló la conexión existente entre ese sistema político y las relaciones de poder entre los sexos. Los hombres ejercían una verdadera tiranía absolutista sobre las mujeres en el ámbito de la familia y la casa.
Para Wollstonecraft, la clave para superar la subordinación femenina era el acceso a la educación. Las nuevas mujeres educadas no sólo alcanzarían un plano de igualdad con respecto a los hombres, sino que podrían desarrollar su independencia económica accediendo a actividades remuneradas.
Wollstonecraft, sin embargo, no dio importancia a las reivindicaciones políticas y no hizo referencia al derecho de voto femenino.
"Ya he advertido sobre los malos hábitos que adquieren las mujeres cuando se las confina juntas; y pienso que podría extenderse con justicia esta observación al otro sexo, mientras no se deduzca la inferencia natural que, por mi parte, he tenido siempre presente, esto es, promover que ambos sexos debieran educarse juntos, no sólo en las familias privadas sino también en las escuelas públicas. Si el matrimonio es la base de la sociedad, toda la humanidad debiera educarse siguiendo el mismo modelo, o si no, la relación entre los sexos nunca merecerá el nombre de compañerismo, ni las mujeres desempeñarán los deberes peculiares de su sexo hasta que no se conviertan en ciudadanas ilustradas, libres y capaces de ganar su propia subsistencia, e independientes de los hombres (...) Es más, el matrimonio no se considerará nunca sagrado hasta que las mujeres, educándose junto con los hombres, no estén preparadas para ser sus compañeras, en lugar de ser únicamente sus amantes (...)"
Mary Wollstonecraft
Vindicación de los derechos de la mujer
Madrid, 1977, Ed. Debate
Entre los pensadores liberales británicos destaca la figura de John Stuart Mill (1806-1873), quien, junto a su mujer Harriet Taylor Mill (1807-1856), publicó El Sometimiento de la Mujer en 1869.
Mill sitúa en el centro del debate feminista la consecución del derecho de voto para la mujer: la solución de la cuestión femenina pasaba por la eliminación de toda traba legislativa discriminatoria. Una vez suprimidas estas restricciones, las mujeres superarían su "sometimiento" y alcanzarían su emancipación.
"El principio regulador de las actuales relaciones entre los dos sexos –la subordinación legal del uno al otro- es intrínsecamente erróneo y ahora constituye uno de los obstáculos más importantes para el progreso humano; y debiera ser sustituido por un principio de perfecta igualdad que no admitiera poder ni privilegio para unos ni incapacidad para otros".
John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill
El sometimiento de la mujer
1869
La libertad individual facilitada por la desaparición de impedimentos legales permitiría el desarrollo de la personalidad de las mujeres y el pleno ejercicio de sus capacidades. Se trataba, en suma, de aplicar el principio del "laissez faire", dogma básico del liberalismo, a la problemática femenina.
El libro de Mill tuvo un enorme impacto. Aparecido en 1869, fue un elemento clave de la expansión e internacionalización del movimiento sufragista. Ese mismo año se editó en Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Alemania, Austria, Suecia y Dinamarca, y al siguiente apareció en Italia y Polonia, suscitando el interés y la reflexión de muchas mujeres entre las clases más cultas.
John Stuart Mill presentó al Parlamento inglés en 1866 una demanda a favor del voto femenino. Su ulterior rechazo provocó que en 1867 naciera el primer grupo claramente sufragista británico: la National Society for Woman’s Suffrage (Asociación Nacional para el Sufragio de la Mujer), liderada por Lydia Becker.
Avril Lavigne - When you're gone - Cuando te has marchado
Siempre necesité tiempo para mi, nunca pensé que te necesitaría ahí cuando lloro. Y los días sientan como años cuando estoy sola. y la cama donde te acuestas, está sin deshacer por tu lado. Cuando te alejas, cuento los pasos que das, ¿Ves cuánto te necesito ahora mismo? Cuando te vas (cuando te has ido: to be gone), los pedazos de mi corazón te están echando de menos.
Cuando te vas, el rostro que llegué a conocer también desaparece (come to). Cuando te vas, las palabras que necesito oír siempre hacen que consiga sobrevivir al día (get through...) y hacerlo bueno, te echo de menos.
Nunca me he sentido así antes, todo lo que hago me recuerda a ti, y la ropa que dejaste, reposa en el suelo, y huele justo como tú, me encantan las cosas que haces.
Cuando te alejas, cuento los pasos que das, ¿Ves cuánto te necesito ahora mismo? Cuando te vas, los pedazos de mi corazón te están echando de menos. Cuando te vas, el rostro que llegué a conocer también desaparece. Cuando te vas, las palabras que necesito oír siempre hacen que consiga sobrevivir al día. y hacerlo bueno, te echo de menos.
Estábamos hechos el uno para el otro, aquí fuera para siempre, sé que lo estábamos. Ahora, todo lo que siempre quise fue que supieras todo lo que haría, daría mi corazón y mi alma, apenas puedo respirar, necesito sentirte aquí conmigo.
Cuando te vas, los pedazos de mi corazón te están echando de menos. Cuando te vas, el rostro que llegué a conocer también desaparece. Cuando te vas, las palabras que necesito oír siempre hacen que consiga sobrevivir al día. y hacerlo bueno, te echo de menos.
El Centauro – Leopoldo Marechal
A Maria de los Ángeles
En
una tarde antigua
cuyo paso de loba
fué liviano a la tierra
pero no a la memoria,
extraviando el sendero
que ilumina la Rosa,
vi al Centauro dormido
junto al agua sonora.
Esto
pasó en otoño,
cuando la selva entorna
sus parpados y olvida
la muerte de sus hojas,
cuando el sol pinta en Aries
el clavel de la aurora,
cuando los vientos gritan
y calla la paloma.
Perdido
yo entre zarzas,
desnudo entre las rocas
hollaba la temida
floresta (¡en mala hora
mis pies abandonaron
el norte de la Rosa
por el zarzal doliente,
por las obscuras frondas!)
¿Fué
acaso la impaciencia
del alma a que deshoras
ha encendido el aceite
de las vírgenes locas,
y buscando en la noche
mediodías y bodas
halla sólo el semblante
que le muestra la sombra?
Si
arte fué de la noche
si navío en zozobra,
¡que lo diga el Centauro!
Yo diré mi congoja;
porque duro es el viaje
y escondida la gloria
de hablar con un centauro
junto al agua sonora.
Todavía
recuerdo
la hermosura tremenda
del antiguo animal
que dormía en la selva,
y el arrullo del agua
sin edad entre arenas
y flores que peleaban
su luminosa guerra:
Con
el torso abrazado
de líquenes y hiedras,
con la grupa en que ayer
jineteó la leyenda,
remontada en el aire
la flor de su cabeza
y los cuatros silencios
de sus patas en tierra.
parecía
el Centauro
la figura secreta
de algún viaje que andaba
sin viajero ni estrella,
o el apretado libro
que aun guardaba la ciencia
de los frescos diluvios
y de la risa nueva.
Casi
junto a sus manos,
en un brote de higuera
se mecía desnuda
la guitarra soberbia;
y a sus pies derramados,
el carcaj y las flechas
olvidaban al ciervo
de los ojos de almendra.
“¡En
otra edad -me dije-
la trotadora bestia
fué dolor en el arco
y armonía en las cuerdas!
¡En otra edad sin nubes,
cuando los días eran
graciosos almirantes
bogando entre sirenas!”
Y
como el alma entrase
ya toda en la pelea
de su tormento vivo
con su dulzura muerta,
puse freno al temor
y candado a la pena
por mirar al Centauro
y admirarle de cerca:
Bien
ceñido a su frente
o enredado en sus greñas,
el laurel todavía
le formaba diadema;
en su barba de cobre
y en sus crines revueltas
se prendían zumbando
las melosas abejas.
Y
tan rara virtud
se mostraba en aquella
gravedad de centauro,
que la sola excelencia
de su imagen dormida
me libró de cadenas,
y rendido a su gracia
no vi la floresta.
Porque,
al mirarle, digo
que sentía en mi lengua
resucitar un gusto
de antiguas primaveras,
como si levantando
sus losas polvorientas
de pronto regresaran
los días de la inocencia.
“Sólo
duerme . pensé
con el alma suspensa – :
El sueño, y no la muerte,
lo abraza en su tiniebla.
Si alguien con voz de niño
te acercase a la puerta
del centauro y llamara,
tal vez le respondiera.
“Y
una canción de oro
sería la respuesta
del animal, si hablara
su lengua verdadera.
ero la voz del niño
no canta ya en la tierra:
¡Ya no abrirá el Centauro
su boca de azucena!”
Y
por mudar el grave
color de las ideas
que ya tejía el alma
volviendo a su querella,
me acerqué a la guitarra
y en el haz de sus cuerdas
hice correr mis dedos,
bien sabe Dios que apenas.
¡Nunca
debió tocarlas
manos perecedera
ni tentar el silencio
de la música eterna!
Porque la guitarra
só brotó una queja,
pero un escalofrío
recorrió la floresta.
Las
hojas tiritaron
y lloró cada breña;
Respondían los ecos
en lejanas cavernas.
Y entonces vi que al solo
clamor de la vihuela
reanimaba el Centauro
su figura de piedra.
Corrió
un temblor de luces
en su pelaje obscuro:
La mano retiró
de su pecho velludo.
Sus ojos al abrirse
desgarraron el humo
de las quemadas horas
y los años difuntos.
Y
una hermosa violencia
despertaba en el bruto;
Con su cola barrió
la hojarasca y el musgo.
Quiso hablar, y en sus labios
pareció que de súbito
se rompía la cáscara
del silencio maduro.
Preguntó:
“Quién recorre
la soledad sin frutos?
(¡Aquella voz tenía
cadencias de diluvio!)
“¿Quién, vestido de sombras
y emboscado en su luto,
se atreve a profanar
la guitarra del júbilo?
“¿Quién,
entregado al hierro,
codicia el oro puro
y audaz en la sentencia
que le dictó el orgullo,
con sus manos de un día
quiere abrir el sepulcro
donde ya es polvo y nada
la juventud del mundo?”
Pedía
una respuesta,
con el semblante adusto:
Sus cascos impacientes
removieron el humus.
Entre la maravilla
del oído y el susto
de los ojos temblaba
mi deseo nocturno.
Le
respondí:
“Centauro,
modera tus impulsos
y escucha las razones
que dicta el infortunio.
No el orgulloso alarde,
sino la incuria, pudo
llevar a tu guitarra
mis dedos vagabundos.
“Por
entregarme al suelo
y equivocar el rumbo,
la Rosa me ha negado
su admirable saludo.
¡Y así crucé la hondura,
y estoy en tu refugio,
y enardecí las cuerdas
y amaneció el preludio!”
No
bien oyó el centauro
mis templadas razones,
en su región de bestia
puso media y orden;
y, como si escuchase
palabras interiores,
se rindió a la dulzura
con la mirad del hombre.
“Forastero
– me dijo – ,
¡bien anuncian tus voces
la congoja del hierro
y el afán de la noche!
“Cuando en la plata nueva
lucía el oro joven,
cuando el sol y la luna
se cambiaban amores,
el
centauro afinó
sus orejas, y difícil
al grito de las almas
que perdían el norte,
les enseño la ciencia
de partir horizontes,
con los rumbos dorados
y las plumas veloces.
“Pero
la gaya ciencia
se rescató en el monte:
Dormida está en su lecho
de fatigado bronce.
La buscas, y se niega;
la llamas, no responde.
¡Se han perdido las llaves
y no gritan los goznes!”
Si
empezó en la tristeza,
concluyó en el suspiro;
Se nublaros sus ojos
de color de jacinto. Pero ya se atrevía
la esperanza, y un ritmo
de Centauro habitaba
para siempre mi oído:
“¡Bien
reconozco ahora
tu verdadero signo
- le dije- y tu palabra
caliente como el vino,
y atento a la fogosa
primavera del himno,
ya recobra su audacia
mi deseo dormido!
“Centauro
de otros días,
iniciador antiguo,
¡que abandonen tus remos
esa cárcel de limo!
¡Reviva en tus arterias
el furor extinguido!
¡Rompe tus duras líneas
y cabalga conmigo!
“Sin
látigo ni espuela,
sin freno y sin estribo
crucemos la encantada
provincia del sigilo:
Firme yo en tus riñones
y a tus crines prendido,
tú devolviendo al mundo
su llorado prodigio.
“Si
es un viaje terrestre
(lo prefiero yo mismo),
¡que nos abra la tierra
sus puentes y caminos!
La tierra es venerable
y armonioso el oficio
de combatir dragones
resucitando idilios.”
“Si
es otro tu elemento,
galoparé contigo
la ruta que frecuentan
los caballos marinos;
o el sendero del aire,
donde tiene dominio
ya la pluma del ángel,
ya la garra del grifo.”
“Pero
si te inclinara
mi voz, nuestro destino
sería Buenos Aires,
la durmiente del río:
¡Tal vez al saludarnos
dijeran mis amigos
que, despertando amores,
llegamos de otro siglo!”·
Mi
ruego así clamaba,
y el Centauro al oírlo
pareció recobrar
un instante su brío
(tal un corcel añoso
que desde su retiro
vuelve a escuchar la voz
del metal aguerrido).
Pero
templó sus fuegos
el animal cautivo,
como si le tirase
las riendas al instinto.
Se desmayó en sus ojos
el exaltado brillo:
Sus sienes dibujaban
el gesto negativo.
Me
respondió:
“Si pesas
al Centauro dormido,
justo hallarás el peso
de su carne y sus signo:
Si calla, la justicia
gobierna su mutismo;
si duerme, su reposo
no es obra de castigo.
“¿A
qué llorar, buscando
primaverales ritmos,
cuando en el aire silban
las hoces del estío?
Y cuando entre sus hojas
negrean los racimos,
¿a qué plañir las flores
de rostro fugitivo?
“¡Que
duerman en el polvo
los caballos antiguos:
Ya no tendrán jinete
ni empresa ni albedrío!
Con sus proas ancladas
y sus remos partidos,
¡no zarparán ya nunca
los audaces navíos!
“Porque
logró la tierra
su madurez y ha visto
fructificar el árbol
que se lloró perdido;
porque, Jasón del aire
y Ulises del abismo,
nos ha llegado el nuevo
Señor de los caminos”.
No
dijo más. A tierra
descendía su frente,
y aún cantaba su voz
en la cúpula verde:
Ya el silencio sagrado
recogía en su redes
el adiós de un centauro
y el anuncio de un héroe.
Pero
yo no alcanzaba
sus razones, de suerte
que atento a los peligrosos
de la noche creciente,
sólo entendía, ¡oh ciego!,
la renuncia solemne
de aquel maravilloso
corcel de corceles.
Fué
así que levantando
las armas relucientes
del cazador, le dije:
“No perdieron su temple.
Bien resiste la cuerda,
limpio el arco se tiende
y aún la flecha conoce
los caminos del éter.
“Cazados,
su tus lomos
ya no admiten jinete
y en tus remos la audacia
desmayó para siempre;
¡que tu pulso de arquero
no desmaye, y que vuele
tu saeta en procura
de un regalo celeste!”
Me
respondió:
“En el sueño
de las armas advierte
que llegó la dulzura
sobre campos de aceite.
To te anuncio al donoso
cazador, al perenne
sagitario que acecha
sin carcaj ni lebreles.
“Yo
te anuncio al arquero
de la pena, más fuerte
que Nemrod y que Diana,
la señora de nieve.
Porque a la muerte misma
cazó y a la serpiente
vestido con el traje
severo de la muerte.”
Respondía
otra vez
con el no a mis afanes:
Otra vez humillaba
corazón y lenguaje.
De nuevo, ante la bestia,
reñían en mi sangre
la animosa esperanza
y el recelo cobarde.
Y
como ya la noche
plantaba su estandarte
de hiel en las vencidas
almenas de la tarde,
buscando la zozobra
de mi deseo un mástil,
puse otra vez los ojos
en el Centauro grave.
Le
dije así:
“Que duerman,
arquero, tus metales,
ya que otra ley asume
la gloria y el combate.
Pero si la justicia
de rostro venerable
no se ha perdido, escucha
la voz del suplicante:
“Ya
me negó el caballo
su equitación y viaje,
ya el cazador me niega
las frutas de su arte;
ya s´lo a mi esperanza
le queda ese linaje
de furor armoniosos
que animó tus cantares.
“¡Descuelga
la guitarra
(bien sé que a su cordaje
no en vano se aproximan
los dedos musicales)!!
¡Abrázala, Centauro,
contra tu pecho, y tañe!
¡La música recobre
sus limpias mocedades!”
Así
le suplicaba
pero volvió a negarse,
¡oh guitarrero inmóvil!,
¡oh guitarra sin ángel!
Me respondió:
“Esa caja
no ha de rendirse a nadie:;
Ya es mediodía y sobran
las cuerdas matinales.
“Bajada
de los cielos
y vestida de carne
la Música en persona
visitó a los mortales,
para entonar el himno
que rompe toda cárcel
y apura los delfines
de Arión el navegante.
·”Si
bien tañía Orfeo,
cuando por escucharle
bajaban de sus grutas
rayados animales,
¡no hay tierra que desoiga
ni cielos que no alaben
al Tañedor que pisa
las aguas sin mojarse!”
Negado
a mis fervores,
pero atento a mi lucha,
tercera vez me hablaba
con signos y figuras.
¡Qué remontado el aire
de la bestia crinuda!
Su misterioso idioma,
¡qué cerca de la música!
Le
dije al fin:
“Entiendo
que ya no queda ruta
por donde hasta la Rosa
me lleve la fortuna.
Tres veces ha quebrado
mi anhelo en tu cordura:
Me dirigí a tres puertas
y no se abrió ninguna.
“Pues
bien, si tus razones
otra verdad anuncian
y si otro amor deshace
las viejas ataduras,
¡dime, Centauro, al menos
en qué tierra se oculta:
Si flechero, en qué bosque,
si cantor, en que gruta!”
Y
me respondió el Centauro:
“No esconde su dulzura
ni se rinde a las armas
del rigor o la astucia.
Porque sale al encuentro
de la sed que le busca:
Porque su canto hiere
las orejas nocturnas.”
En
torno del Centauro
crecía la penumbra:
Su cuerno de novilla
levantaba la luna.
Con el deseo en llamas
y la razón a obscuras
quise tentar el juego
de las palabras últimas:
“Y
tu virtud -le dije-,
¿ya no dará su fruta?
2¿Ya no tendrás, arquero,
trabajos y aventuras?”
Apoyada en el hombro
la cabeza greñuda,
náufrago ya del sueño,
dijo el Centauro:
“Nunca”.
Y
aquel nunca final
recorrió la espesura:
Los vientos agitaban
sus banderas de furia.
Después cayó la noche,
y en la selva profunda
se construyó el silencio
sobre firmes columnas.
Historias de Centauros
Los centauros son una raza de criaturas legendarias de la mitología griega, mitad hombre y mitad caballo, a los que en general se describe como seres con cuerpo y patas de caballo unidos al torso y la cabeza de un hombre.En griego, los centauros son llamados Κένταυρος Kentauros, ‘matador de toros’, ‘cien fuertes’, plural Κένταυρι Kentauri; y en latín Centaurus/Centauri). Las versiones femeninas reciben el nombre de centáurides.
Otra etimología más moderna los designa como cazadores de liebres, y está más conforme que la anterior con las tradiciones y los monumentos que presentan a los centauros como cazadores.
La mayoría de los escritores griegos consideraban que los centauros eran seres incivilizados, fuertes, siempre dispuestos a pelear y proclives a la ebriedad.
Según La Ilíada, eran unos animales salvajes de pelo erizado que habitaban las montañas de Tesalia, y La Odisea nos los presenta con los instintos brutales y sensuales característicos de los sátiros u hombres primitivos.
Se les supone de origen asiático, similares a los Gandharvas de la India, dioses velludos como los monos, cuyo nombre significa hombres-caballos o nubes que cabalgan torno del Sol. La tradición griega también apunta a un origen similar: les daba por padres a Apolo (el Sol) y una Oceánida, cuyo nombre significa brillo, esplendor; por lo cual pudiera pensarse en las brillantes nubes que el Sol levanta del seno de las aguas en el valle de Tempé, en Tesalia.
El poeta Píndaro dice que descienden de Ixión y de Nefela (la nube). Explica que Ixión, quien habiendo merecido que Zeus (Júpiter) lo invitara a sentarse a su mesa; éste pretendió enamorar a Hera (Juno). El padre de los dioses lo castigó dando a una nube la forma de Hera. Ixión engañado, la poseyó y de esta unión nació Centauro, monstruo feroz desdeñado de las Gracias, que no quisieron asistir a su nacimiento, y odiado de los hombres.
Más delante este Centauro se unió con las yeguas que habitaban el valle del Pelión, en Magnesia, dando origen a un pueblo de seres maravillosos. Según esta leyenda los centauros serían un símbolo de los rayos del Sol o de las nubes que rodean a este astro, si no lo eran de los torrentes del rio Pelión.
Otros aseguran que las criaturas eran descendientes de Centauro, un hijo del dios Apolo, y las yeguas de Magnesia.
En otros lugares se afirmaba que Zeus era el procreador, a quienes creó cuando, transformado en semental, mantuvo relaciones sexuales con Día, esposa de Ixión.
LEYENDAS DE LOS CENTAUROS
En cuanto a las fábulas en que figuran los centauros de Tesalia, la más popular fue la de su combate con los lapitas, en las bodas de Piritoo, su rey.El lapita Pirítoo, hijo de Dia y de Zeus (quien transformado en caballo semental corrió alrededor de Dia para seducirla) y casó con Hipodamía, hija de Butes, e invitó a su boda a todos los diose se olímpicos excepto a Ares y a Éride (Éride, diosa de la discordia, había causado en la boda de Peleo y de Tetis una gran daño) y a sus primos los centauros.Como llegaron más huéspedes de los que cabían en palacio los centauros, junto con Néstor, Ceneo y otros príncipes tesalios se sentaron a la mesa en una cueva cercana sombreada por árboles.Los centauros no estaban acostumbrados a beber vino, y cuando lo olieron corrieron a beberlo en los odres; en su ignorancia lo bebieron sin mezclarlo con agua y se emborracharon de tal modo que cuando la novia fue a la cueva a saludarles Euritión se levantó de un salto, derribó la mesa, la cogió por el cabello y la sacó de la cueva; los otros centauros cogieron también a las mujeres y a los muchachos más cercanos y los montaron.Pirítoo y Teseo corrieron a salvar a Hipodamía, le cortaron a Euritión la nariz y las orejas y con ayuda de los lapitas lo arrojaron de la caverna. La lucha que siguió duró hasta el anochecer y en ella murió el lapita Ceneo. Así comenzó la larga guerra entre los centauros y sus vecinos lapitas, maquinada por Ares y por Éride en venganza por el desaire que se les había hecho.
FOLOS Y HERCÚLES
En la montaña Folea, situada en los confines de la Arcadia y de la Elida, donde había mucha caza mayor, estaba poblada por numerosos centauros. Hércules fue allá para cazar al jabalí de Erimanto. Al capturar vivo al jabalí fue agasajado por el centauro Folo, hijo de Sileno y una de las ninfas de fresno.
Folo sirvió a Heracles carne asada, pero no se atrevió a abrir el cántaro de vino comunal de los centauros hasta que Heracles le recordó que había sido dejado en la cueva por Dionisios cuatro generaciones antes precisamente para esa ocasión.
Cuando los centauros olieron el vino se enojaron, y armados con grandes rocas, abetos, teas y hachas irrumpieron en la cueva de Folo, quien se ocultó aterrado, pero Heracles mató a varios centauros y los otros huyeron a Malea donde se acogieron a la protección de su rey Quirón, el mejor de los centauros, que había educado a Heracles, Aquiles, Jasón y a otros muchos héroes.
Una flecha arrojada por Heracles atravesó el brazo de Élato y se clavó en la rodilla de Quirón, y aunque Heracles extrajo la flecha y Quirón proporcionó remedios para la herida no fue posible curarla, ya que el veneno era incurable.
Quirón no podía morir porque era inmortal pero sus dolores eran horribles y se retiró gritando a su cueva.
Entretanto Folo, mientras enterraba a los muertos sacó una flecha de Heracles para examinarla con curiosidad, pero se le escapó de los dedos, le atravesó el pie y lo mató. Nueve días despues Zeus colocó la imagen de Quirón entre las estrellas como la constelación del Centauro, aunque otros dicen que es Folo.
Los centauros figuran también en la fábula de Atalanta, como enamorados perseguidores de ésta, quien los rechazó a flechazos mientras éstos, por asediarla, incendiaban el bosque.
Se distinguen algunos centauros por sus nombres: Arctos, Licos, Eurinomos, Bianor, Agrios, Petraios, Ureios, Drialos, Folos y Quirón, que difiere de los demás centauros por su carácter y por su origen.
Las representaciones de los centauros en los monumentos antiguos son numerosas. En los primitivos y arcaicos consiste en una figura humana, a la cual va adaptada la grupa de un caballo, modo de representar del que no falta algún ejemplo en monumentos de estilos posteriores, sin duda como recuerdo de las primeras.
El prototipo de estos centauros es el que nos ofrece la centauromaquia (lucha de centauros y lapitas), esculpida por Fidias en el friso del Partenón. También figura, como queda dicho, en el cortejo dionisíaco, y en el del Amor hay imágenes de centauras, pero son raras.
Los centauros suelen aparecer también en los monumentos figurados de la Edad Media.
En el zodiaco sagitario, (sagita es flecha en griego), se representa con la figura de un centauro disparando una flecha.
Otros orígenes
El antropólogo de salón y escritor Robert Graves especuló con que los centauros de la mitología griega fueran una reminiscencia de una secta prehelénica que considerase al caballo como su tótem. En apoyo de esta teoría podemos citar que poseidón, el señor de los mares, en su origen era asociado con un caballo y con los terremotos. Quizá existiera un culto que considerase al caballo como representación de la fuerza última de la tierra.
Otras fuentes especulan con la idea de que los centauros provengan de la primera reacción de una cultura que no conociese la equitación, como el mundo egeo minoico, hacia los nómadas que sí montaban a caballo. La teoría señala que tales jinetes parecerían mitad hombres mitad caballos. La cultura de doma y monta de caballos surgió primero en las estepas del sur de Asia Central, quizá aproximadamente en la actual Kazajistán.
Como la Titanomaquia, la derrota de los Titanes por los dioses olímpicos, las contiendas con los centauros representan la lucha entre la civilización y el barbarismo y es conocida como Centauromaquia.
QUIRÓN
El centauro más noble fue Quirón, reverenciado por su conocimiento y aptitudes para la medicina.
Fue tutor de muchos héroes griegos, entro los que figuran Aquiles, notable guerrero griego que participó en la guerra de Troya; Jasón, líder de los Argonautas en su búsqueda del Vellocino de Oro; y Asclepio, el más famoso médico del mundo griego. Quirón enseñó a su joven discípulo el arte de la cirugía y el uso de medicamentos, encantamientos y pociones.
Éste contrajo una dolorosa herida incurable, que lo llevó a ceder su inmortalidad a Prometeo, para poder así morir y escapar del dolor.
Fue ascendido al cielo como la constelación Sagitario, localizada en la elíptica del Zodiaco y que se puede ver desde el hemisferio norte, o según otras fuentes Centaurus.
Algunas fuentes especulan con que Quirón fuese originalmente un dios tesalio, posteriormente subsumido en el panteón griego como un centauro.
Si bien existen muchas definiciones de
"glaciar", en pocas palabras podría decirse que un glaciar es:
un
cuerpo permanente de hielo,
formado
en la superficie terrestre por la acumulación, compactación y
recristalización de la nieve,
que
muestra señales de movimiento por acción de la gravedad.
Características:
Los
glaciares están hechos principalmente de hielo pero también forman parte
del cuerpo de un glaciar la nieve, el aire, el agua y los restos de roca o
detritos contenidos o transportados por el hielo.
Nos
referimos a un cuerpo de hielo "permanente" a escalas de tiempo
humanas (décadas, siglos). Queda claro que los glaciares no son realmente
eternos y pueden variar en forma drástica en periodos relativamente cortos
de algunas décadas o siglos.
Todos
los glaciares tienen su origen en la superficie terrestre, pero pueden
posteriormente extenderse hacia el mar u otros cuerpos de agua. Las
enormes extensiones de hielo que cubren el Polo Norte en el Océano
Ártico no son glaciares.
En
general se dice que para ser considerado un glaciar, un cuerpo de hielo
debe mostrar algún tipo de movimiento. Esto ocurre sólo cuando el cuerpo
del glaciar ha alcanzado un tamaño y espesor determinados. Según este
criterio, manchones de nieve semipermanentes que no muestran signos de
movimiento no son considerados glaciares.
Los
llamados "glaciares de escombros", muy comunes en los Andes
Desérticos y Centrales de Argentina, NO son glaciares sino
una de las tantas manifestaciones del fenómeno geocriológico denominado
"permafrost" originado por el congelamiento permanente de
los suelos. Según el Dr. Darío Trombotto de la Unidad de Geocriología del
IANIGLA, un glaciar de escombros podría definirse como una “mesoforma
periglacial o criogénica con permafrost de montaña reptante o no” (verhttp://personal.cricyt.edu.ar/dtrombot/).
El Glaciar Perito Moreno: la octava maravilla del mundo
Por lo espectacular de la vista que ofrece, el glaciar Perito Moreno es considerado la octava maravilla del mundo.
La imponente masa de hielo interminable rodeada de bosques y montañas es un espectáculo que pocos se quieren perder. De hecho, este lugar es, junto conPuerto Madryn (Chubut) y las Cataratas del Iguazú (Misiones), uno de los sitios del país más visitados por extranjeros y el turismo argentino.
Se puede llegar hasta el Glaciar en paseos por tierra o alternando etapas de navegación en el recorrido. Si el visitante llega con vehículo propio, debe transitar unos 80 km aproximadamente por la Ruta Provincial Nº 15 desde El Calafate, lo que lleva una hora y media de viaje.
El Perito Moreno es uno de los tantos glaciares que forman el Parque Nacional Los Glaciares. Todos forman el Hielo Continental Patagónico (17.000 kilómetros de extensión) que es una de las reservas de agua potable más importante del mundo. Es que el 90 % del agua dulce del planeta se encuentra en las zonas glaciarias y después de la Antártida y Groenlandia, sigue esta región argentina.
La misma se extiende entre los 47º y 51º de latitur sur, llega hasta los fiordos chilenos y en el este hasta los lagos argentinos. El Hielo Continental Norte se sitúa totalmente en la vecina República de Chile, en cambio el Hielo Continental Patagónico Sur se comparte entre las dos naciones.
Aquí nacen todos los glaciares del Parque Nacional, entre los que sobresale el glaciar Perito Moreno. Los turistas pueden acercarse a 300 ó 400 metros de las lenguas glaciarias o realizar una caminata sobre hielo o "minitrekking".
Rodeado de cumbres nevadas y bosques de lengas y ñires, estos hielos cubren unos 195 km2, es decir, más de la superficie de la Capital Federal, que se encuentra a una gran distancia de 2.800 km.
Un halo de paz infinita sobre la naturaleza virgen, lo convierte en un gran atractivo para quienes quieren disfrutar del aire puro y del sonido del silencio. Sonido que interrumpe sólo el movimiento del glaciar, que constantemente le regala al lago Argentino inmensos bloques de hielo.
Estos, al desprenderse del zócalo de ablación, caen en el Canal de los Témpanos produciendo un estruendo profundo y estremecedor.