URANO - Verano Brisas
Por lo lejos que me hallo de mi padre
fueron necesarios
grandes telescopios para descubrirme.
Parecido a mis hermanos mayores,
soy el tercero en estatura,
y pese a mi cuerpo gaseoso,
tuve sana descendencia
y un sistema de anillos importante.
No soy perezoso aunque vivo recostado,
y mi cabeza, con la punta de mis pies,
se encuentran sometidos siempre
a grandes lapsos de luz y oscuridad,
por una colisión cuando empecé
mi existencia en la mansión celeste.
Mi campo magnético tiene singularidades
y se inclina 59 grados
respecto al eje de mi rotación,
pero no me molesta para nada.
Mi atmósfera de helio
e hidrógeno molecular, como en Saturno y Júpiter,
tiene relaciones semejantes
a las del rey del Sistema donde habito.
Como en la Tierra,
los vientos que me azotan
transitan rutas contrarias y a mayor velocidad,
con mi giro en las altas latitudes,
y en las bajas de manera opuesta.
Los nombres de mis hijos son exóticos:
Umbriel, Miranda, Ariel, Titania,
los más grandes, sin contar los niños
allende mis anillos exteriores.
Navego con mi hielo corporal
en los extramuros de la Vía Láctea,
dominado por las grandes bestias
de mundos aún desconocidos,
en esa inmensidad glacial y negra
que llamaron universo los humanos.
Urano - Verano Brisas
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Fux, Johann Joseph
(1660-1741).
Procedente de una familia campesina, Johan
Joseph Fux inició sus estudios musicales animado por los jesuitas de su
localidad natal (Hirtenfeld). Se matriculó en la Universidad de Graz en 1680,
ampliando sus estudios en Italia antes de ser nombrado organista de la
Schottenkirche de Viena (1696-1702). Tras un nuevo viaje a Italia, donde
estudió con Pasquini en Roma, fue nombrado primer maestro de capilla de la
Catedral de San Esteban (1714-1715) hasta que pasó a ser maestro de capilla de
la corte imperial hasta su muerte en 1741.
Su obra representa uno de los puntos
culminantes del barroco austríaco, si bien basado en un fuerte tradicionalismo
y firme fidelidad a los principios polifónicos de Palestrina. Su ópera Constanza y Fortezza (1723), compuesta para la coronación
del emperador Carlos VI, acrecentó su fama en toda Europa y corona esta línea,
aunque en otras de sus obras se aprecian influencias de Lully y Corelli, así
como de melodías populares húngaras y eslavas. Fue, además, un pedagogo de
extraordinaria valía y su obra Grados
ad Parnassum (1725) ha
servido de base a todos los tratados sobre contrapunto hasta la época actual,
hasta el punto en que esa reputación ensombrece su calidad como compositor.
Entre sus obras, mayoritariamente dedicadas a la música sacra, además de la citada ópera se cuentan 25 obras para teclado, 63 sonatas, 110 misas y fragmentos de misas, 20 óperas más y cerca de 250 composiciones religiosas menores. En todas ellas, además de la polifonía vocal combina tanto la monumental orquestación germánica como la ligereza de otros lenguajes.
Entre sus obras, mayoritariamente dedicadas a la música sacra, además de la citada ópera se cuentan 25 obras para teclado, 63 sonatas, 110 misas y fragmentos de misas, 20 óperas más y cerca de 250 composiciones religiosas menores. En todas ellas, además de la polifonía vocal combina tanto la monumental orquestación germánica como la ligereza de otros lenguajes.
http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=fux-johann-joseph
Johann Joseph Fux
Johan Joseph Fux fue un
compositor del barroco. Nació en el año 1660, sus padres fueron Andreas y
Ursula Fux campesinos en Hirtenfeld en Estiria, ducado situado en lo que hoy es
el sur de Austria y el norte de Eslovenia. Poco se sabe de sus primeros años.
Fue admitido en la Universidad de los Jesuitas en Graz el Después de este tiempo, Fux estuvo al servicio del arzobispo húngaro, presumiblemente Leopold Karl Graf von Kollonitsch. En 1690 estando en Viena atrajo la atención del emperador Leopoldo I, éste quedó tan impresionado que a partir de ese momento le ayudó en su carrera musical. En 1696, Fux se casa con C. J. Schnitzenbaum, hija de un secretario del gobierno de la Baja Austria.
Fux también sirvió como organista de la Schottenkirche en Viena hasta 1696-1702. En el
Escribió 25 obras para teclado, 63 sonatas a 3, 15 sonatas a 4, 15 sonatas de orquesta, 110 misas y fragmentos de misas, 64 vísperas y salmos, 24 letanías, 6 Te Deum, 200 composiciones religiosas menores, 15 oratorios y 21 óperas, "Elisa" (Viena 1719) y "Costanza e Fortezza" (Praga 1723) son las mas conocidas. Además Fux escribió Misas, Salmos, Réquiem, y obras instrumentales. En 1725 publicó su famoso Gradus ad Parnassum, un libro de texto que, planteando su estudio por "especies", sirvió de base para todos los tratados de contrapunto hasta la época actual y que partir de la cual la mayoría de los compositores de las siguientes generaciones aprendieron.
La obra esta redactada en latín y alcanzó un éxito considerable, fue traducida a varias lenguas: alemán, francés, italiano, inglés, está escrita en forma de diálogo entre el maestro (Aloisio, latinización de Luigi, en referencia a Palestrina) y el discípulo José (personificación del propio Fux). J. S. Bach mismo había hecho una copia en su biblioteca. Muchos años después Haydn, Mozart y Beethoven también fueron instruidos o trabajaron con este manual. Seis años después de la publicación de Gradus ad Parnassum, falleció su esposa, y desde entonces se dedico más a la música sacra. Murió en 1741, a la edad de 81 años.
http://perso.ya.com/constan0/musics/fux_1.htm
Obertura K355
martes, 9 de septiembre de 2014
Elegías del amado
fantasma (Primera elegía)
|
I
Inclinada, en tu orilla, siento como te alejas. Trémula como un sauce contemplo tu corriente formada de cristales transparentes y fríos. Huyen contigo todas las nítidas imágenes, el hondo y alto cielo, los astros inventados, la vehemencia ingrávida del canto. Con un afán inútil mis ramas se despliegan, se tienden como brazos en el aire y quieren prolongarse en bandadas de pájaros para seguirte adonde va tu cauce. Eres lo que se mueve, el ansia que camina, la luz desenvolviéndose, la voz que se desata. Yo soy sólo la asfixia quieta de las raíces hundidas en la tierra tenebrosa y compacta. II Allá está el mar que no reposa nunca. Allá el barco y la vela infatigable, los breves edificios de la espuma, las olas retumbando y persiguiéndose. Allá, en los arrecifes, las sirenas con el cabello y la canción flotantes en lúcidos pendones musicales. III Yo quedaré dormida como el árbol al que no abrazan hiedras de amorosa frescura, ni corona los nidos ni rasgan su corteza verdes retoños tiernos. Y estaré ciega, ciega para siempre frente al escombro de un espejo roto. Si alguna vez me inclino como ahora con un además trémulo de sauce habrá de ser para asomarme en vano al opaco arenal que abandonaste. De: De la vigilia estéril |
Canciones con historia: Having my baby - Paul Anka
En 1974 Paul Anka se anotó su primer éxito número 1 en 15 años (luego de “Diana”) con ''(You’re) Having My Baby.''
Lanzada justo después de que se había legalizado el aborto en Estados Unidos y en la culminación del movimiento feminista, esa canción generó controversia. A las feministas les pareció deliberadamente retrógrada.
La Organización Nacional de Mujeres ''honró’' a Anka con el premio ''Mantenla en su lugar’' y la revista Ms. Lo llamó ''Cerdo chovinista del año.''
''Yo escribí esa canción para mi esposa, después de que nació nuestra quinta hija y observé que muchas mujeres estaban teniendo hijos fuera del matrimonio,'' explica Anka. ''Pero yo no estaba dispuesto a repartir folletos para explicar de qué trataban mis canciones cada vez que compusiera una."
''Es interesante, empero,'' agrega. ''Ésa llegó al número uno cuando se avivaron todas las críticas. Asumió una nueva vida.''
http://noticias.latam.msn.com/ar/especiales/nytsyn/articulo.aspx?cp-documentid=257375177
En 1974 Paul Anka se anotó su primer éxito número 1 en 15 años (luego de “Diana”) con ''(You’re) Having My Baby.''
Lanzada justo después de que se había legalizado el aborto en Estados Unidos y en la culminación del movimiento feminista, esa canción generó controversia. A las feministas les pareció deliberadamente retrógrada.
La Organización Nacional de Mujeres ''honró’' a Anka con el premio ''Mantenla en su lugar’' y la revista Ms. Lo llamó ''Cerdo chovinista del año.''
''Yo escribí esa canción para mi esposa, después de que nació nuestra quinta hija y observé que muchas mujeres estaban teniendo hijos fuera del matrimonio,'' explica Anka. ''Pero yo no estaba dispuesto a repartir folletos para explicar de qué trataban mis canciones cada vez que compusiera una."
''Es interesante, empero,'' agrega. ''Ésa llegó al número uno cuando se avivaron todas las críticas. Asumió una nueva vida.''
http://noticias.latam.msn.com/ar/especiales/nytsyn/articulo.aspx?cp-documentid=257375177
EL CANTO DEL VIENTO - Atahualpa Yupanqui
Corre sobre las llanuras, selvas y montañas, un infinito viento generoso.
En una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la tierra nuestra. El grito, el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes y los pájaros van a parar a la hechizada bolsa del Viento. Pero a veces la carga es colosal, y termina por romper los costados de la alforja infinita.
Entonces, el Viento deja caer sobre la tierra, a través de la brecha abierta, la hilacha de una melodía, el ay de una copla, la breve gracia de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón escondido en la curva de una vidalita, la punta de flecha de un adiós bagualero.
Y el viento pasa, y se va. Y quedan sobre los pastos las "yapitas" caídas en su viaje. Esas "yapitas", cuentas de un rosario lírico, soportan el tiempo, el olvido, las tempestades. Según su condición o calidad, se desmenuzan, se quiebran y se pierden. Otras, permanecen intactas. Otras, se enriquecen, como si el tiempo y el olvido --la alquimia cósmica-- les hiciera alcanzar una condición de joya milagrosa. Pero llega un momento en que son halladas estas "yapitas" del alma de los pueblos. Alguien las encuentra un día.
¿Quién las encuentra?
Pues los muchachos que andan por los campos, por el valle soleado, por los senderos de la selva en la siesta, por los duros caminos de la sierra, o junto a los arroyos, o junto a los fogones. Las encuentran los hombres del oscuro destino, los brazos zafreros, los héroes del socavón, el arriero que despedaza su grito en los abismos, el juglar desvelado y sin sosiego.
Las encuentran las guitarras después de vencido el dolor, meditación y silencio transformados en dignidad sonora. Las encuentran las flautas indias, las que esparcieron por el Ande las cenizas de tantos yaravíes.
Y con el tiempo, changos, y hombres, y pájaros, y guitarras, elevan sus voces en la noche argentina, o en las claras mañanas, o en las tardes pensativas, devolviéndole al Viento las hilachitas del canto perdido.
Por eso hay que hacerse amigo, muy amigo del Viento. Hay que escucharlo. Hay que entenderlo, Hay que amarlo. Y seguirlo. Y soñarlo. Aquel que sea capaz de entender el lenguaje y el rumbo del Viento, de comprender su voz y su destino, hallará siempre el rumbo, alcanzará la copla, penetrará en el Canto.
Corre sobre las llanuras, selvas y montañas, un infinito viento generoso.
En una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la tierra nuestra. El grito, el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes y los pájaros van a parar a la hechizada bolsa del Viento. Pero a veces la carga es colosal, y termina por romper los costados de la alforja infinita.
Entonces, el Viento deja caer sobre la tierra, a través de la brecha abierta, la hilacha de una melodía, el ay de una copla, la breve gracia de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón escondido en la curva de una vidalita, la punta de flecha de un adiós bagualero.
Y el viento pasa, y se va. Y quedan sobre los pastos las "yapitas" caídas en su viaje. Esas "yapitas", cuentas de un rosario lírico, soportan el tiempo, el olvido, las tempestades. Según su condición o calidad, se desmenuzan, se quiebran y se pierden. Otras, permanecen intactas. Otras, se enriquecen, como si el tiempo y el olvido --la alquimia cósmica-- les hiciera alcanzar una condición de joya milagrosa. Pero llega un momento en que son halladas estas "yapitas" del alma de los pueblos. Alguien las encuentra un día.
¿Quién las encuentra?
Pues los muchachos que andan por los campos, por el valle soleado, por los senderos de la selva en la siesta, por los duros caminos de la sierra, o junto a los arroyos, o junto a los fogones. Las encuentran los hombres del oscuro destino, los brazos zafreros, los héroes del socavón, el arriero que despedaza su grito en los abismos, el juglar desvelado y sin sosiego.
Las encuentran las guitarras después de vencido el dolor, meditación y silencio transformados en dignidad sonora. Las encuentran las flautas indias, las que esparcieron por el Ande las cenizas de tantos yaravíes.
Y con el tiempo, changos, y hombres, y pájaros, y guitarras, elevan sus voces en la noche argentina, o en las claras mañanas, o en las tardes pensativas, devolviéndole al Viento las hilachitas del canto perdido.
Por eso hay que hacerse amigo, muy amigo del Viento. Hay que escucharlo. Hay que entenderlo, Hay que amarlo. Y seguirlo. Y soñarlo. Aquel que sea capaz de entender el lenguaje y el rumbo del Viento, de comprender su voz y su destino, hallará siempre el rumbo, alcanzará la copla, penetrará en el Canto.
Narmer o la unificación del Alto y Bajo Egipto
Antes de la aparición del Estado faraónico, Egipto estaba dividido en numerosas provincias, o nomos, que acabaron agrupándose, formando dos reinos.
Estos reinos eran:
-el Alto Egipto, al sur, con capital en la ciudad de Nejen, llamada Hieracómpolis.
El rey de este reino adoraba a las diosa buitre Nejbet, la cual era representada con una alta corona de color blanco.
-El Bajo Egipto, al norte, con capital en la ciudad de Buto. Este rey adoraba a la diosa cobra Uadyet, la cual se representaba con una corona roja.
Tras un largo proceso, el Alto Egipto, con el dios Horus a la cabeza, sometió al Bajo Egipto, y unificó todo el territorio. Al unir los dos reinos, el rey asumió todos los símbolos, y ciñó en su frente la corona unificada.
Narmer, también conocido como Menes, fue el primer rey de Egipto como un solo país, aunque hay autores que afirman que Narmer y Menes podrían ser dos individuos distintos, e incluso se dice que Menes podría haber sido hijo de Narmer, así pues, nos centraremos en el nombre con el cual todos los investigadores parecen estar de acuerdo.
Con anterioridad al 3100 a.C. el país estaba dividido en dos: el Alto Egipto situado al sur del país y el Bajo Egipto en el norte. Narmer llevó a cabo su unificación tras conquistar el Bajo Egipto. Este acontecimiento dio lugar al paso de la prehistoria a la historia propiamente dicha de este país.
Este rey era originario de una ciudad próxima a Abydos, Tinis, de ahí la denominación de tinita al periodo de las primeras dos dinastías, cuya duración sería de dos siglos. A partir de la unificación, el faraón portaría la corona blanca del Alto Egipto y la roja del Bajo Egipto, como símbolo de la unidad del país.
El faraón aparece representado en la famosa paleta de Narmer, una placa de pizarra de 63 cm con bajorrelieves en la que aparece escenificando su victoria sobre los habitantes del delta.
En una de las caras el rey se muestra con la corona blanca golpeando a un enemigo mientras lo sujeta por el cabello. Esta imagen se reproducirá en innumerables ocasiones a lo largo de la historia de Egipto. Su tamaño también denota superioridad pues es casi el doble de alto que el resto de los personajes. También aparece el halcón, el dios Horus, símbolo de la divinidad del rey. En la otra cara, en la zona superior, el faraón ya con la corona roja y junto a su séquito observa a los vencidos decapitados y distribuidos en dos filas. En la franja central aparecen dos extraños animales con los cuellos entrelazados y en la banda inferior Narmer está representado por un toro atacando a un hombre.
En la franja superior de las dos caras aparecen las cabezas de dos vacas, una a cada lado protegiendo al faraón, estos animales podrían representar a la diosa Hathor.
Disponemos de escasa información sobre la vida de Narmer, sabemos que construyó un templo al dios Ptah. Algunas fuentes le atribuyen la fundación de Menfis, para ello mandó construir un dique para desecar las zonas pantanosas. Fue el primero en desviar el cauce del Nilo.
Gobernó Egipto durante 62 años y se cree que murió a causa del ataque de un hipopótamo.
Su tumba se halla en el cementerio real tinita de Abydos.
http://crecientefertil.wordpress.com/2013/03/25/narmer-o-la-unificacion-del-alto-y-bajo-egipto/
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