El Sexteto de cuerdas n. º 2 en sol mayor, opus 36 de Johannes Brahms fue compuesto durante los años 1864-1865 y publicado por la empresa de Fritz Simrock. Fue estrenado en Boston, Massachusetts, el 11 de octubre de 1866.
La obra está compuesta para dos violines, dos violas, y dos chelos, y tiene cuatro movimientos:
•I. Allegro non troppo
•II. Scherzo - Allegro non troppo - Presto giocoso
•III. Adagio
•IV. Poco allegro
Brahms realizó la mayor parte de la composición en el entorno confortable de Lichtental, cerca de Baden-Baden. Según el biógrafo de Brahms Karl Geiringer, oculta una referencia al primer nombre de Agathe von Siebold (de la que estaba enamorado en esa época) en el primer movimiento
.
El compositor sueco Kurt Atterberg compuso un arreglo a partir del sexteto de cuerdas en 1939
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Erich Wolfgang Korngold: El Mozart Del siglo XX que brilló en Hollywood.
Desde la cuna mostró su talento para la música. Pocos compositores han dado muestras de genialidad tan temprano. “UN genio, un genio”, exclamaba Mahler cuando lo escuchó tocar el piano a los diez años. “El posee tanto talento que fácilmente pudiese regalar la mitad y todavía tener lo suficiente para él “. Decía Puccini con asombro.
Korngold tuvo la suerte de crecer en Viena, que en aquella época era el epicentro musical de Occidente. Pero también era un centro neurálgico del modernismo.
En 1927 cuando nace Korngold Freud estaba escribiendo “La interpretación de los sueños”. Enseguida muchos autores teatrales comenzaron a explotar el tema sexual, desde la perspectiva freudiana, en sus obras. El Imperio Austro Húngaro comenzaba a resquebrajarse.
El estilo musical de Korngold fue siempre el mismo durante toda su vida, de carácter romántico con una orquestación voluptuosa y satinada, rica en matices y pesadas armonías, un estilo musical que ha venido a llamarse el "Sonido Vienés" y que tantó gustó en Hollywood.
Erich Wolfgang Korngold (1897 - 1957). Compositor de gran prestigio en Hollywood, además de cinco óperas y varias obras orquestales, de cámara y canciones. Nació en Brno, República Checa, por entonces parte del Imperio austrohúngaro. Su padre Julius Korngold fue uno de los críticos más importantes de su tiempo.
La obra que lo llevó a la fama fue la ópera Die tote Stadt (La ciudad muerta), compuesta en 1929.
Es junto a Max Steiner, uno de los padres de la composición musical cinematográfica en Hollywood.
Fallecerá el 29 de noviembre de 1957 en Hollywood.
Entre sus obras sinfónicas destacan el Concierto para violín en re mayor compuesto entre 1937-39 y revisado en 1945, el Concierto para Violonchelo (1946) y la Sinfonía en Fa sostenido (1947-1952). Son obras maestras que por sí solas le dan a su autor un lugar especial dentro de los compositores románticos del siglo XX.
Toda mujer que he amado…
aún la amo en mi silencio.
Me gusta mejor amarte...
desde mis distancias
a tus vidas opulentas.
Toda mujer amada por otros
la amo desde mi Universo
le acaricio el cabello cuando llora
le doy un beso en su soledad.
Toda mujer amada que vive…
vive como ausente y lejos
y acá en mis silencios…
la amo como si estuviera presente.
Toda mujer amada en silencio…
se llena y vive satisfecha en sus momentos
cuando cae la noche, entre el sueño…
dejo que mi alma la reciba entre los brazos.
Toda mujer amada es un canto…
que pasa entre cuerpos invisibles
dejando su color y su esencia.
Toda mujer que he amado…
aún la amo en mis recuerdos.
Tributo al gran poeta chileno en un nuevo aniversario de su fallecimiento...
Recuerdas aquel tiempo - Michel Jackson
Te acuerdas
Cuando nos enamoramos.
Eramos jóvenes e
Inocentes en ese entonces.
Te acuerdas
Como empezó todo,
Parecía justo como el cielo.
Entonces, ¿porqué terminó?
Te acuerdas
De vuelta en el otoño,
Nosotros estábamos juntos
Todo el día.
Te acuerdas
Nuestras manos unidas
Nos mirábamos fijamente
A los ojos (dime).
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos enamoramos.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos conocimos por primera vez.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos enamoramos.
Te acuerdas de aquel tiempo.
Te acuerdas
Como solíamos hablar (ya sabes),
Nos quedábamos en el teléfono
De la noche hasta el amanecer.
Te acuerdas
Todas las cosas que decíamos,
Como te amo tanto,
Nunca te dejaré ir
Te acuerdas
De vuelta en la primavera,
Todas los mañanas los pájaros cantaban.
Te acuerdas
Esos especiales momentos,
Ellos solo van y van
A la vuelta de mi mente.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos enamoramos.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos conocimos por primera vez.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos enamoramos.
Te acuerdas de aquel tiempo...
Esas dulces memorias
Siempre serán queridas para mí.
Nena, no importa lo que se ha dicho,
Yo nunca olvidaré lo que tuvimos
Ahora nena.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos enamoramos.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos conocimos por primera vez.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos enamoramos.
Te acuerdas de aquel tiempo.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos enamoramos.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos conocimos por primera vez.
Te acuerdas de aquel tiempo
Cuando nos enamoramos.
Te acuerdas de aquel tiempo.
Recuerda las veces
Ooh
Recuerda las veces
Te acuerdas, nena
Recuerda las veces.
En el teléfono tu y yo.
Recuerda aquel tiempo.
Hasta abajo, dos ó tres
¿Qué hay acerca de nosotros, nena?
Recuerda aquel tiempo
Te, te, te,
Te, te,
Recuerda aquel tiempo
En el parque, en la playa.
Recuerda aquel tiempo
Tu y yo en España.
Recuerda aquel tiempo
Que sobre, que sobre,...
Recuerda aquel tiempo
Ooh...en el parque
Recuerda aquel tiempo
Después de la oscuridad..., te, te, te.
Recuerda aquel tiempo
Te, te, te, te.
Recuerda aquel tiempo,
Yeah, yeah.
Recuerda aquel tiempo...
La policía en el Antiguo Egipto
Patrullas fronterizas, vigilantes de la necrópolis real o policías locales se ocupaban de mantener el orden en el país del Nilo
Por José Miguel Parra. Egiptólogo,
Del mismo modo que los faraones no dispusieron de un ejército estable al menos hasta el Imperio Nuevo, tampoco contaron con un cuerpo de policía organizado. Las labores de mantenimiento del orden estaban repartidas entre diversas instancias, según el lugar de que se tratase. En la corte, los soberanos contaban con un cuerpo propio de guardaespaldas, pero, en cambio, la vigilancia del harén real –la residencia de las mujeres de la familia real y de sus vástagos– estaba encomendada a un grupo de hombres conocidos como sasha.
Fuera de la corte, la seguridad estaba en manos de funcionarios que operaban a una escala local, pagados por el Estado para cumplir misiones específicas. Éste era el caso de la ciudad de los constructores de las pirámides, al sur de Gizeh. Allí observamos que dos de sus calles parecen contar en un extremo con casas destinadas a vigilantes, encargados de controlar las idas y venidas y hacer sentir el dominio del faraón sobre los trabajadores. En la entrada de los talleres reales, que trabajaban para el Estado, había también vigilantes a modo de porteros-policías, los cuales, según la Sátira de los oficios, un texto que data del Imperio Nuevo, se dejaban sobornar por los artesanos que deseaban salir del recinto para tomarse un descanso.
Guardias en el mercado
Otro grupo de policías del faraón era el de los llamados sa-per, que acompañaban a los recaudadores de impuestos cuando éstos acudían, cada dos años, a cobrar el famoso «recuento del ganado». Con sus bastones y su fuerza física los sa-per acogotaban a los campesinos ante los escribas para que declararan sus ganancias, además de apalear a los recalcitrantes o a quienes se mostraban incapaces de pagar. Es una imagen que vemos reflejada en muchas tumbas.
En los poblados existía asimismo una especie de policía local encargada de mantener el orden los días de mercado. Para ello se servían de un instrumento de intimidación muy curioso, tal como vemos representado en la decoración de la mastaba de Niakhnum y Knumhotep (dinastía V). En una de las escenas, dos personas se pasean por el mercado local y cada una lleva un babuino sujeto con una correa. En principio podrían parecer dos hombres y sus mascotas, pero si nos fijamos vemos que, mientras uno de los simios coge una fruta de un cesto, el otro se ha lanzado contra la pierna de un amigo de lo ajeno que se marchaba con algo que no había pagado. ¡Monos policías! No eran los únicos animales utilizados para patrullar, pues también se usaban perros.
Seguridad en las fronteras
Los faraones tenían también fuerzas de seguridad en las zonas fronterizas, que se encargaban no sólo de la defensa militar, sino también de impedir la entrada de «inmigrantes». Esto fue así sobre todo en Nubia, donde se construyeron una serie de fuertes con soldados-policías encargados de «impedir que ningún negro pueda cruzarla [la frontera], por agua o por tierra, con un barco, o rebaño de los negros; excepto un negro que venga a comerciar en Iken [Mirgissa] o con un mensaje. Todas las cosas buenas deben ser hechas con ellos, pero sin permitir que un barco de negros pase por Heh [¿Semna?], yendo corriente abajo, para siempre», como informa una estela de Sesostris III en Semna. Se conservan informes de los comandantes de los puestos, los Despachos de Semna, en los que se detallan los resultados del trabajo policial: «Encontramos el rastro de 32 hombres y tres burros…».
También había patrullas fronterizas en el desierto líbico, por donde deambulaban grupos de beduinos que realizaban incursiones hasta el Nilo desde el Primer Período Intermedio. Para evitarlo, a partir del Imperio Medio recorrieron el desierto grupos de hombres llamados nuu, que viajaban acompañados por perros especialmente adiestrados en labores de detección.
Guardianes de tumbas
Quizás el cuerpo de policía más evolucionado que hubo en el antiguo Egipto fue el de los medjay. Se trataba de mercenarios que habían intervenido al servicio de los reyes de Tebas en las luchas contra los invasores hicsos por el control del país. En el Imperio Antiguo eran nubios procedentes de una región al este de la segunda catarata, mientras que más tarde, en el Imperio Medio, aparecen definidos como nómadas del desierto. En todo caso, sus buenos oficios en la expulsión de los «reyes de pueblos extranjeros» (los hicsos) hicieron que el faraón los convirtiera en un cuerpo de soldados-policías. Además de patrullar el desierto, también protegían el Valle de los Reyes y otras zonas de especial relevancia para el soberano.
En el caso del Valle de los Reyes, no conocemos con exactitud los métodos de vigilancia que aplicaban los medjay: podían ser patrullas nocturnas a ciertas horas, o bien recorridos por la cima del acantilado, controlando desde arriba lo que pasaba. Pero no hay duda de que esa vigilancia tenía muchas lagunas. Así lo muestra el caso de la tumba de Tutankhamón, que fue saqueada dos veces al poco de ser enterrado en ella el faraón. En la primera ocasión los ladrones se llevaron de forma apresurada aceites, ungüentos, joyas pequeñas, quizá los papiros... Descubierto el latrocinio durante las horas de luz, los cacos se atrevieron a repetir la hazaña poco después, aunque esta vez parece que fueron sorprendidos con las manos en la masa y la tumba quedó sellada, hasta que el británico Howard Carter la descubrió en 1922.
Cárceles y condenas
Los policías arrestaban a los delincuentes, pero no parece que hubiera calabozos para mantenerlos a la espera del juicio; simplemente se los encerraba en una habitación que estuviera disponible. Éste era al menos el caso de los acusados de delitos menores, como hurtos o actos de violencia, los más habituales. En cambio, para los delitos más graves sí están documentados los centros de reclusión. Una de las infracciones más castigadas por el Estado era la de no realizar la azofra, el trabajo obligatorio debido al faraón. El control de estas prestaciones laborales era muy estricto, pues existían listas de los habitantes de cada poblado y de las tareas que se les encomendaban. Durante el Imperio Medio, los fugitivos eran enviados a unos centros de reclusión llamados heneret, que servían como cárcel además de ocuparse de regular y llevar a cabo las tareas de la azofra. La policía del faraón tenía la potestad de encerrar en ellos como rehenes a los familiares del fugitivo, que sólo eran liberados cuando éste aparecía y cumplía sus horas. Este tipo de cárcel tuvo larga vida, pues en el Imperio Nuevo la encontramos convertida en itehu.
Los delitos realmente graves, como el asesinato, recibían otro tipo de tratamiento, que implicaba no sólo la mutilación de la nariz y las orejas, sino el envío del criminal a centros de trabajos forzados en el extranjero o en los límites de Egipto. Allí realizaban trabajos realmente ingratos y peligrosos como extraer piedras de las canteras, picar en minas o servir en tareas relacionadas con el ejército. La mera existencia de estos centros de reclusión es una clara evidencia de que, cuando la necesitaba, el faraón disponía de una fuerza de seguridad capaz de hacer cumplir sus designios, aunque su presencia en la documentación resulte a menudo muy tenue.
-Bakenwerel (1120 a. C.-)
jefe de policía.
-Mahu (1352 a. C.-1336 a. C.)
Jefe de policía de Akhetatón.
-Nebit(Ef) (1780 a. C.-)
Jefe de policía. -Penre (ca. 1270 a.C.).
(Pn-ra) Oficial de policía del antiguo Egipto y luego Jefe de los Medjay (esto es, del Cuerpo de policía), conocido por diferentes monumentos arqueológicos (un cono funerario del Metropolitan Museum de Nueva York, una estatua de caliza, que lo figura sedente, y dos estelas funerarias, conservadas respectivamente en Chicago y en Oxford). Tal policía, hijo muy probablemente de un tal Bunakhtef, vivió durante el reinado de Rameses II, de la XIX dinastía. Entre sus cargos militares se pueden recordar los de Carrero de su Majestad, Real Mensajero de todo el País y Jefe de los Países extranjeros en el Norte del País. Entre sus ocupaciones civiles, se sabe que fue Jefe de los Medjay (policías) y Jefe de los trabajos del Ramesseum.
En alas de la canción (poema y canción)
"En alas de la canción" (alemán: "Auf Flügeln des Gesanges") es un poema del poeta alemán romántico Heinrich Heine .
Fue publicado en Buch der Lieder en 1827.
Felix Mendelssohn compuso la música para la segunda de sus "seis canciones para voz y piano" (Opus 34-2, 1834).
Esta canción ha sido traducida a otros idiomas y ha sido adoptada en los libros de texto de música para la escuela de China, Japón y Corea .
Poema
En alas de la canción,
Cariño, te llevan lejos,
Lejos de los campos del Ganges,
Cuando sé que el lugar más hermoso.
Hay un jardín de lino rojo
En la luz de la luna tranquila;
Cuente con las flores de loto
Su hermana pequeña y encantadora.
Las violetas se ríen y acarician,
Y mirar a las estrellas;
Secretamente decirle las rosas
Son oído hadas fragante.
Salto de cerca y escuchar
los piadosos, gacelas sabios;
Y el ruido en la distancia
Olas del río sagrado.
No vamos a establecer
Bajo la palmera
Paz y amor y bebida
Y soñar nuestro sueño de felicidad.
Alemán
Auf Flügeln des Gesanges,
Herzliebchen, trag 'ich dich fuerte,
Fort nach den Fluren des Ganges,
Dort ich weiß den schönsten Ort.
Dort liegt ein rotblühender Garten
Im stillen Mondenschein;
Muere Lotosblumen erwarten
Ihr Trautes Schwesterlein.
Muere Veilchen und kichern Kosen,
Und nach den schaun Sternen empor;
Heimlich erzählen die Rosen
Sich Duftende Märchen ins Or.
Es hüpfen herbei und lauschen
Muere frommen, klugen Gazell'n;
Und in der Ferne rauschen
Des heiligen Stromes Well'n.
Dort wollen wir niedersinken
Unter dem Palmenbaum,
Trinken Und Liebe und Ruhe,
Träumen Und seligen Traum.
Vero y Prisco
Vero y Prisco fueron dos esclavos de la Antigua Roma que se convirtieron en gladiadores famosos durante los reinados de Vespasiano y Tito, hacia finales del siglo I. El combate que ambos amigos mantuvieron fue el momento culminante del día de apertura de los juegos celebrados por Tito para inaugurar el Anfiteatro Flavio (más tarde conocido como Coliseo) en el año 80.
El combate fue registrado en un poema laudatorio de Marco Valerio Marcial, y constituye la única descripción detallada de un combate de gladiadores que ha llegado hasta nuestros días. Ambos gladiadores fueron declarados victoriosos en el combate, y ambos fueron premiados por el emperador con su libertad en un final único.
Texto de Marcial
Marcial, De Spectaculis, XXIX:
Mientras que Prisco y Vero alargaban el enfrentamiento,
Y por largo tiempo la lucha fue igualada en ambos lados,
Altos y repetidos gritos reclamaban la libertad para los hombres;
Pero César siguió su propia ley; —
Era la ley de luchar con el escudo hasta que un dedo se alzase: —
Hizo lo que le estaba permitido, a menudo dio comidas y regalos.
Pero se llegó al final con la misma igualdad:
Iguales al luchar, iguales al ceder.
César envió espadas de madera a ambos y palmas a ambos:
Por tanto, el coraje y la habilidad recibieron su premio.
Esto no tuvo lugar ante ningún príncipe salvo tú, César:
Cuando dos lucharon, ambos fueron victoriosos.
Cum traheret Priscus, traheret certamina Verus,
esset et aequalis Mars utriusque diu,
missio saepe uiris magno clamore petita est;
sed Caesar legi paruit ipse suae; —
lex erat, ad digitum posita concurrere parma: —
quod licuit, lances donaque saepe dedit.
Inuentus tamen est finis discriminis aequi:
pugnauere pares, subcubuere pares.
Misit utrique rudes et palmas Caesar utrique:
hoc pretium uirtus ingeniosa tulit.
Contigit hoc nullo nisi te sub principe, Caesar:
cum duo pugnarent, uictor uterque fuit.
Discusión
Prisco y Vero eran esclavos que habían ascendido a lo largo de los rangos de gladiadores. Prisco nació esclavo en la Galia, mientras que Vero nació libre y es conocido principalmente por su combate con Prisco.
El combate entre Prisco y Vero tuvo lugar el primer día de los juegos que celebraban la inauguración del Coliseo. Estos juegos ofrecían al público combates de gladiadores, espectáculos con animales y simulaciones de batallas navales. Su función esencial era contentar al pueblo e incrementar la popularidad del emperador.
Desde tiempos de Julio César, los combates de gladiadores permitían controlar al pueblo de Roma: satisfacían su sed de acción y canalizaban cualquier frustración que el pueblo pudiese tener contra el poder.
El relato de Marcial sobre el combate entre Prisco y Vero muestra un resultado inesperado y extremadamente raro. Normalmente, los combates entre gladiadores sólo terminaban cuando un combatiente elevaba un dedo en señal de derrota. Sin embargo, existían otros modos de terminar un combate: se denominaba missio a una acción mediante la cual un luchador podía ser retirado de un combate. Eso no quiere decir que dejase de ser gladiador, sino que dejaba el combate y volvía a los entrenamientos.
El missio ocurría de dos maneras: la primera era que uno de los participantes se rindiese, pero fuese indultado. La segunda posibilidad era un empate. El empate podía ser solicitado por el público o por los propios luchadores, que hacían un gesto mediante el cual entregaba cada uno su espada al otro oponente. Sin embargo, los empates eran vistos con desdén.
El combate entre Prisco y Vero tuvo un final realmente inusual porque los dos combatientes fueron declarados vencedores. Esto marcaba un inicio triunfante a los juegos inaugurales y daba una imagen muy positiva de Tito. Muestra, según Marcial, la justicia de Tito al mantener la regla de la rendición hasta el final, y también valora justamente la capacidad de los gladiadores.
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La verdad sobre los gladiadores
Todo el que haya visitado un anfiteatro romano piensa en las peleas de gladiadores que se daban en la arena de estos, pero ¿Qué hay de mito y realidad en las recreaciones hollywoodienses de estas peleas?
El arte de la lucha
La figura del gladiador Romano se remonta a la época etrusca (IV), durante la cual se celebraban combates entre los prisioneros en torno a las tumbas de los héroes para honrar a Saturno.
Estos juegos, pasarían a ser parte de la vida de Roma durante el siglo III a.c., cuando Marco Junio Pera y Decimo Junio Pera organizaron estos juegos en el foro Boario para honrar la muerte de su padre, Junio Bruto Pera, descendiente de los fundadores de la ciudad.
A partir de ahí las peleas de gladiadores dejarían de ser un acto ritual para ser algo lúdico, de hecho pasó a ser el principal divertimiento del imperio, en el que se fundaron numerosos anfiteatros en toda localidad que se preciase.
En la época la figura de un gladiador era una inversión, por lo que la mortalidad en los combates no era tal y como la hemos visto en las películas, sino que en muchas ocasiones se perdonaba la vida de los vencidos, y si se les mataba, era para aliviar su sufrimiento, clavándoles un arma blanca entre la clavícula y el omóplato hasta llegar a su corazón, considerando esta una forma de muerte más digna que dejarle perecer por sus heridas en la arena.
Los gladiadores
El gladiador toma su nombre del arma principal que solían utilizar, llamada gladius, que consiste en una espada corta de hoja recta, similar a las de los legionarios romanos.
Los combatientes podían tener diferentes orígenes:
Los voluntarios en busca de fama y gloria y los esclavos y prisioneros, que, de forma forzada, podían llegar a conseguir su libertad luchando en la arena.
Su formación se daba en las escuelas lanistas, y los maestros, habitualmente empresarios y propietarios de estas, se encargaban de decidir que gladiadores lucharían, sus diferentes categorías y su armamento.
Las escuelas estaban repartidas por la capital y las provincias, llegando a lograr algunas una fama tal, que llegaba a todos los rincones del imperio.
Existían numerosos tipos de gladiadores, en función de sus técnicas de combate y equipación, pero las más comunes eran las siguientes:
Los Samnitas, que tomaban su nombre de la similitud con el armamento del pueblo homónimo, siendo el primer tipo de gladiador en aparecer.
Los Mirmillones, distinguidos por su equipo y armaduras similares a las de los guerreros galos, incluyendo el casco completo con cresta (que les daba aspecto de pez) y la espada corta llamada gladius.
Los Secutores, armados con escudo casco y espada, eran la evolución de los Mirmillones para el combate con los reciarios, una lucha muy de moda durante la época imperial.
Los Reciarios, que carecían de armaduras e iban equipados con una red, un tridente y una daga, es decir, iban equipados de forma similar a los pescadores de la época, y su estrategia de combate, era muy diferente a la de los demás gladiadores, basándose más en mantener la distancia y la velocidad que en el ataque frontal, como el resto de los combatientes.
Mujeres en la arena
Contra todo pronóstico, se han encontrado varias pruebas de que efectivamente, existían mujeres gladiadoras, habiendo sido poco comunes, pero existentes en el imperio.