viernes, 19 de septiembre de 2014

El templo de Hathor en Dendera

Época: Egipto Grecorromano
Inicio: Año 1 A. C.
Fin: Año 1 D.C.

La divinidad y la fisonomía de Hathor se perfilan ya en época predinástica, donde su cabeza de diosa-vaca asoma por dos veces en el ático de la Paleta de Narmer. Su remota antigüedad explica que con el tiempo sus atribuciones se diversificasen según sus lugares de culto, ocho de los cuales parecen haber estado representados en los célebres grupos de Mikerinos. Su nombre significa "Mansión de Horus", dios del que ella era esposa y amante, y por lo mismo, diosa del amor y del firmamento en que Horus reside. En Kom Ombo tenía Hathor, al sur del recinto del templo, una capilla aislada en la que una mujer de época romana, Petronia, le dedica una inscripción en griego donde la llama Afrodita.

En Tebas se la representa en forma de vaca, aunque no sabemos que hubiera allí una vaca sagrada, equivalente al toro Apis de Menfis. En una de las criptas de Dendera se halló una vaca momificada, lo que ya es un indicio más positivo. Pero aquí se la adoraba también como diosa del trigo, la dorada espiga, lo que es compatible, como en el caso de Perséfona, con ciertas atribuciones en el mundo de los muertos, bien acreditadas en Deir el-Bahari.

Inscripciones de las criptas del templo de Dendera que mencionan a Keops y a Pepi I delatan la antigüedad de los cultos en aquel lugar. Hay constancia de obras de restauración realizadas por Tutmés III, de modo que el culto y los edificios dedicados al mismo debían de tener muchos siglos cuando Nectanebo I edificó su "mammisi" y los últimos Ptolomeos y todos los Julio-Claudios optaron por construir un templo de nueva planta, conforme al criterio y al gusto de los tiempos.

La planta del de Dendera se parece mucho a la de Edfú con la diferencia de que aquél nunca llegó a tener el patio porticado y el pílono monumental que anteceden a éste. De modo que hoy se llega directamente a un estupendo pronaos, cerrado hasta media altura de las columnas por los muros habituales en los intercolumnios de la época. Levantando la vista hacia la cornisa, se distingue en ella una inscripción en griego que nos dice que el constructor de la fachada fue el emperador Tiberio. Esto significa que hasta época de Augusto, el templo tenía como vestíbulo la llamada Sala de la Aparición, situada a continuación y sustentada en seis columnas con capiteles dactiliformes con dados hathóricos. Estos capiteles se pusieron de moda entonces y el arquitecto de los Julio-Claudios disfrutó colocando veinticuatro de ellos, con cuatro cabezas hathóricas cada uno, en los enormes capiteles del pronaos.

El templo de Hathor no está orientado hacia el este, como de costumbre, porque en esta zona el Nilo corre de este a oeste y no de sur a norte, de modo que el arquitecto se atuvo en este punto a lo que en la práctica se venía haciendo: enfilar el curso del Nilo, aunque a la hora de hablar de los ritos, el lado norte fuese el lado oriental, y el sur, donde se levantó el templo de Isis, el lado oeste. En los relieves delpronaos están representados como faraones todos los miembros de la dinastía reinante en Roma, sobre todo Nerón, que debió ser el que dio remate a la obra. En las cartelas de la puerta de la muralla exterior del recinto se cita a Domiciano y a Trajano (a éste con los "cognomina" de Germánico y Dácico), pero no se sabe que estos dos hayan hecho nada en el templo de Hathor.

Uno de los mayores encantos de este templo es su aire de misterio, perceptible ya en el sombrío pronaos y que se va haciendo más sensible conforme uno se adentra en el santuario y en las muchas cámaras anejas. Tiene razón la "Guía Azul" cuando recomienda a sus usuarios ir provistos de una linterna. Los lucernarios que aquí y allá dejan pasar unos rayos de luz no bastan para sentirse cómodos sin ella ni en esta zona, ni en las criptas, ni en las escaleras.
Es obligado hacer uso de éstas porque las terrazas del templo no sólo ofrecen elementos arquitectónicos interesantes, sino un bellísimo panorama de la Tebaida, del río y de los montes marginales.
 A lo lejos, al otro lado del Nilo, se divisan Kene, el inicio del Wadi Hammamat y las tierras de Negade y Ballas, el crisol del Egipto más antiguo.

En la terraza se eleva un quiosco sustentado en doce columnas de preciosos capiteles hathóricos. Hasta aquí arriba se traía el día de Año Nuevo la estatua de Hathor, custodiada en el naos, para la ceremonia de su Unión al Disco, que consistía en desvelarla y ponerla en contacto con el sol naciente. Los sacerdotes, rapados y vestidos de blanco, la transportaban en andas por las escaleras, cuyos relieves representan al rey y a su séquito de sacerdotes subiendo y bajando por ellas en procesión.

Merece la pena rodear el edificio y contemplar por fuera el testero del templo de Hathor, donde una cabeza de la diosa, hoy bárbaramente mutilada, señalaba el lugar que por dentro correspondía al naos y a la estatua de culto. Llegar hasta aquel lugar era el consuelo que les quedaba a los no invitados a la fiesta de Año Nuevo, presidida por el rey o por su sacerdote vicario. En la tibia mañana de aquel día correría como hoy el fresquecillo habitual en estas fechas, atemperado por un sol amable.

Frente a los restos del vecino templo de Isis, diminuto en comparación, se alza el altísimo retablo esculpido en la cabecera del santuario de Hathor. Las grandes figuras del friso principal están picadas con saña por los fanáticos de una religión iconoclasta; pero éstos no alcanzaron a la parte alta, que ahora parece vengarse de la afrenta reluciendo al sol como acabada de hacer. En medio de sus relieves sobresalen de la pared dos cabezas de arquitrabes de la estructura interna del edificio. Acostados sobre ellas, dos de los enormes leones de las gárgolas otean el horizonte.

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/2284.htm














LOS CUATRO ELEMENTOS - Jorge Guillén

Los hombres -pobres hombres-
Mantienen convivencia necesaria
Con ese alrededor que los sostiene:
La tierra más el agua, fuego y aire.

Esa nutricia tierra
Que a todo sin cesar le da su hondura.
El agua de los mares, de los ríos,
De creaciones líquidas.

Los fuegos y sus llamas nos alumbran,
Caldean y destruyen.
Oh luz con sus penumbras y sus sombras
De una puntualidad bien dirigida.

En una relación siempre inmediata,
El aire: brisa, viento, vendaval.
Brisa, deleite, viento acosador
Y ya enemigo.

Ahí está la natura prodigiosa,
Algo como una madre, como un padre.
Sin ellos no hay presente ni futuro.
¿Y arriba a gran altura el primer Móvil?


IVANHOE – Walter Scott

«Scott nos inventó a todos» (George Simenon).

Cuando era joven (bueno, un poco menos que ahora), es decir en mi niñez, mi Olimpo literario estaba conformado, y sigue estándolo, por cientos de personajes a los que debo horas y horas de entretenimiento gratis, a la vez que gloriosas tardes de lluvia arrobado entre cálidas mantas. No les pedí nunca nada a cambio, cosa que en su justa medida podían haberme demandado, pero gracias a ellos amueblé mi cabeza con increíbles historias en lugares lejanos, a la vez que aprendí cientos de cosas, como por ejemplo el valor de la amistad junto al brillo del acero en Los Tres Mosqueteros; el precio que hay que pagar por el ansia de venganza al lado de un resentido Edmundo Dantes… ¡Fatalidad!; o a buscar el brillo del oro a bordo de la Hispaniola, mientras en un barco paralelo alguien gritaba aquello de ¡Por allí resopla!. Y todo ello decorado e iluminado con los colores brillantes de un Tintín en busca del Cetro de Ottokar, o un Asterix estimulado por la poción mágica. Todo un universo de primeras lecturas y ensueños en los que el yo adulto, baqueteado ahora por el devenir de la vida actual, todavía envidia al yo de antes.

Una de aquellos relatos que me hacían soñar con tiempos pretéritos de armaduras brillantes y relucientes pendones al sol, fue sin lugar a dudas Ivanhoe, del cojo Walter Scott (como curiosidad indicarles que cojeaba de la pierna derecha). Escrita en 1819, es sin lugar a dudas la obra más célebre de este escritor, a la vez que le catapultó al inmortal Parnaso de los grandes escritores. Ambientada en plena Edad Media, en concreto en el siglo XII, el autor centra su historia en un mundo donde dos comunidades, los sometidos sajones y los vencedores normandos, luchan por la supremacía de la frondosa Inglaterra. Es en este preciso instante cuando hace su aparición un joven e impetuoso caballero llamado Wilfredo de Ivanhoe, hijo de un caudillo sajón llamado Cedric que regresa de las cruzadas. En cuanto pisa tierra anglosajona se da cuenta de que su mundo está del revés pues desde que Ricardo Corazón de León ha sido apresado por el archiduque de Austria su envidioso hermano Juan Sin Tierra ha usurpado el trono haciendo de toda la isla coto privado para los soberbios normandos. Claro está, nuestro buen caballero no duda en ofrecer su espada a los oprimidos sajones y se declara en franca rebeldía contra el pérfido hermano del león de Plantagenet.

Decidido a mostrar su gallardía, y a recuperar la mano de su amada Lady Rowena, se presenta al gran torneo de caballeros en Ashby de la Zouche y de esta manera humillar a los altivos normandos. Para no revelar su identidad se apunta con el nombre de El Caballero Desheredado (pues fue su padre quien le desterró al saber sus amores con Rowena ya que ésta estaba destinada a Athelstane, último descendiente de los sajones). Entre lanzas hechas astillas, gritos de heridos y suspiros de vírgenes y lúbricas damas, Ivanhoe gana a todos sus adversarios, incluido al templario Bois-Guilbert (el malo del libro). Cuando tiene que presentar sus respetos a las autoridades revela su identidad pero poco le dura el gozo del triunfo pues una de sus heridas le hace perder el sentido. Rápidamente es llevado por los judíos de York a la ciudad, y es justamente en ese momento cuando Rebeca, hija de Isaac de York, se enamora del caballero, aunque éste solo tenga miras hacia su idealizada Lady Rowena. Lo que no sabe ninguno de ellos es que el taimado Bois-Guilbert también se ha enamorado, a pesar de las duras leyes antijudías que existen, de la bella Rebeca (no le culpo de ello pues en el film de 1952 Elisabeth Taylor esta despampanante en comparación con la mantequillosa Joan Fontaine). La lucha por el honor y el amor están servidos.

Como diría una presentadora de televisión, ¡hasta aquí puedo leer!, ya que no les quiero destripar el final de la historia, pero puede informarles que desde aquí la acción es trepidante, en el que incluso aparecerá un rebelde arquero llamado Locksley o un Corazón de León disfrazado con ganas de pasar cuentas con el taimado de su hermano Juan sin Tierra. Aun así, lo que sí puedo asegurarles es que nos encontramos con una de los grandes libros de la literatura universal. Tanta importancia tiene que es justo reconocer que Scott, gracias a su Ivanhoe, fijó el género de la novela histórica y en concreto del best-seller actual, pues sin esta obra no habríamos disfrutado con los grandes folletines del XIX, y otras sublimes obras como Nuestra Señora de París o cualquier novela histórica que actualmente gozamos. Es decir que escritores como Dumas, Víctor Hugo, Tolstoi, Waltari, Follett o Pérez-Reverte, entre tantos cientos, le deben cada uno de los renglones que han escrito.

Walter Scott aplica en esta novela histórico-romántica todas las claves actuales de la novela (o que deberían tener): narración estructurada y metódica, personajes bien definidos, acción a raudales e historias paralelas que se funden al final en una sola; sorpresas que hacen que el lector quiera saber qué pasará en el siguiente capítulo; o lenguaje que rememora la época en que esta centrada la historia, en este caso la Edad Media. Es curioso, pero si leen, o releen este libro y nadie les dice que esta escrito en otro siglo seguramente les parecerá que es una obra nueva, actual, fresca y muy directa a los sentimientos del lector. Esta es la magia de Ivanhoe, y de otras obras inmortales, que son totalmente atemporales ya que tienen el encanto de encandilar a cientos y cientos de lectores a través de los siglos.

Con respecto a lo de que Scott centre su historia en el siglo XII tiene su importancia. Que no es poca. Ya que gracias a esta novela histórica el autor vuelve a redescubrir la pasión por la Edad Media a muchos de los lectores de su tiempo. Recordemos que nos encontramos en la llamada época romántica y que el retorno al pasado, en este caso los siglos anteriores al Renacimiento, es aceptado con gusto no solo por los críticos literarios sino también por cientos de hordas de lectores. Se ponen de moda los castillos, los caballeros, las justas, las nieblas entre las ruinas… el perseguido, el personaje oscuro y humillado cobra valor frente al intrépido héroe inmaculado.

Como se podrá ver muchos de estos ingredientes están fijados en las paginas de esta obra, u otras de Scott como por ejemplo El pirata. Pues bien, nuestro autor teje un tapiz histórico con todos estos elementos, y también buena parte de tópicos existentes sobre el medioevo. Pero aunque algunas veces pueda faltar algo a la realidad histórica, Scott lo prefiere así pues sacrifica en algunos momentos la veracidad en aras del entretenimiento enriqueciendo de esta manera la receta hasta conseguir una acción apasionante a la vez que inolvidable. En este punto hay que recordar al mismísimo Dumas cuando le acusaron de falsear la realidad y éste respondió aquello de: Es cierto he violado la historia, pero he procreado algunos hijos hermosos. Pues lo mismo hizo Walter Scott al plasmar el marco de manera perfecta e introducir algunas modificaciones en el lienzo, consiguiendo una obra maravillosa.

Bueno… ¿qué más se puede decir de este libro? Esencialmente que si lo han leído deberían volver a echarle un ojo y repetir la experiencia otra vez. Y si nunca han tenido el honor de abrir sus páginas, pues que ya están tardando en hacerlo pues se encontraran con una de esas novela irrepetibles y apasionantes que les marcarán de por vida.

 Acompañen a Wilfredo de Ivanhoe en su búsqueda de honor y amor eternos; bajen la visera del yelmo para no sufrir heridas en las justas medievales; y sobre todo no se dejen deslumbrar con el brillo de su espada pues no pueden permitir que una ceguera temporal les impida apreciar todos los detalles y aventuras de esta gran novela histórica.

http://www.hislibris.com/ivanhoe-walter-scott/

Ivanhoe - Walter Scott
http://www.medellindigital.gov.co/Mediateca/repositorio%20de%20recursos/Scott,%20Walter/Scott_Walter-Ivanhoe.pdf


Ivanhoe – película 1952

Ivanhoe es una película de coproducción angloestadounidense de 1952, basada en la novela del mismo título escrita en 1819 por Sir Walter Scott.
La película, que contó con la dirección de Richard Thorpe y con la actuación de Robert Taylor (Ivanhoe), Elizabeth Taylor (Rebecca), Joan Fontaine (Rowena), George Sanders (Brian De Bois-Guilbert) y Finlay Currie (Cedric).
Sinopsis: Al regresara a Inglaterra de las Cruzadas, Ivanhoe encuentra una recepción fría pero cordial con su distanciado padre Cedric, un sajón que desprecia al rey normando Ricardo Corazón de León. Dejando el castillo de su padre, Ivanhoe rescata al judío rico Isaac de una banda de antisemitas normandos. En agradecimiento, la hermosa hija de Isaac, Rebecca, financia la entrada de Ivanhoe en un torneo en el cual su padre se había negado a ayudarle a participar tras enterarse de que planeaba utilizar el dinero del premio como rescate para recuperar al capturado rey Ricardo. En el torneo, un Ivanhoe disfrazado resulta fácil vencedor y dedica la victoria a Rebecca, lo cual da pie a toda una serie de cotilleos. Mientras, el malvado hermano del rey, el príncipe Juan Sin Tierra, elabora un plan para desacreditar a Ivanhoe y que así nunca pueda llegar a pagar el rescate.

http://gloria.tv/media/y3XuWuK18Q5


Robin Hood: príncipe de los ladrones

Robin Hood: Príncipe de los ladrones (Robin Hood: Prince of Thieves) es una película de aventuras de 1991 dirigida por Kevin Reynolds. Está protagonizada, entre otros, por Kevin Costner, Morgan Freeman, Mary Elizabeth Mastrantonio, Alan Rickman y Christian Slater. La música fue compuesta, orquestada y dirigida por el compositor Michael Kamen. Esta película se estrenó el 14 de junio de 1991 en Estados Unidos, el 21 de junio en España, y en julio y agosto del mismo año en el resto de Latinoamérica.

Sinopsis

Robin Hood (Kevin Costner) es un noble inglés que, unido al rey Ricardo, Corazón de león en la Tercera Cruzada, es encarcelado en una prisión deJerusalén. En su huida, conocerá al también preso Azeem (Morgan Freeman), que, agradecido porque Hood le ha salvado la vida, decide quedarse con él hasta devolverle el favor.
Cuando Robin y Azeem llegan a Inglaterra, gobernada ahora por el déspotasheriff de Nottingham (Alan Rickman), ayudado por su primo Guy de Gisborne (Michael Wincott) y la bruja Morgana (Geraldine McEwan), descubren que el padre de Robin, lord Locksley (Brian Blessed), ha sido asesinado por el sheriff. Como venganza, Robin, ayudado por Azeem, empieza robar a la nobleza y la Iglesia enriquecida para alimentar a los más necesitados. Por ello, el sheriff pone precio a la cabeza de Hood en cien piezas de oro.
Escondidos en el bosque de Sherwood, Robin y Azeem conocen a personas que, por un motivo u otro, también se ocultan del poder del sheriff de Nottingham. Unidos por una misma causa, el grupo, liderado por Robin Hood, planea su venganza conjunta. Con lo que no cuenta nadie es que lady Marian (Mary Elizabeth Mastrantonio), con quien el sheriff quiere casarse y tener descendencia, y Hood están enamorados el uno del otro.
Finalmente, cuando lady Marian es obligada a casarse con el sheriff, será el grupo de Hood quien saquee la fortaleza real y libere al país de ese grupo de crueles gobernantes y, también, a la joven lady.

Recaudación

Con 165 millones de dólares recaudados en Estados Unidos y 225 millones en el resto del mundo, Robin Hood: Príncipe de los ladrones únicamente fue superada en ventas ese año por Terminator 2: El día del juicio final.
La crítica fue positiva con la película, pero no con Costner, al cual le recriminaron por su acento inglés en el filme. En cambio, Rickman fue alabado por su actuación de antagonista.
La balada «(Everything I Do) I Do It For You», de Bryan Adams, se mantuvo como número 1 en el Reino Unido durante 16 semanas, siendo también un éxito en Canadá y Estados Unidos.

Reparto

·                    Kevin Costner como Robin Hood.
·                    Morgan Freeman como Azeem
·                    Christian Slater como Will Scarlet.
·                    Mary Elizabeth Mastrantonio como Marion Dubois.
·                    Alan Rickman como George, Sheriff de Nottingham.
·                    Geraldine McEwan como Mortianna.
·                    Mike McShane como Friar Tuck.
·                    Brian Blessed como Lord Locksley.
·                    Michael Wincott como Guy of Gisborne.
·                    Nick Brimble como Little John.
·                    Harold Innocent como the Bishop of Hereford.
·                    Walter Sparrow como Duncan.
·                    Sean Connery como Ricardo Corazón de León.

Banda sonora

Todas las canciones escritas y compuestas por Michael Kamen
N.º
Título
Duración

1.
«Overture» (A Prisoner of the Crusades)
8:27

2.
«Sir Guy of Gisborne» (The Escape to Sherwood)
7:27

3.
«Little John» (The Band in the Forest)
4:52

4.
«The Sheriff and His Witch»  
6:03

5.
«Maid Marian»  
2:57

6.
«Training» (Robin Hood, Prince of Thieves)
5:15

7.
«Marian at the Waterfall»  
5:34

8.
«The Abduction» (The Final Battle at the Gallows)
9:53

9.
6:38

10.
«Wild Times» (Jeff Lynne)
3:12

Premios

La película fue nominada a los Óscars de 1992 en el apartado de mejor canción compuesta para una película por «(Everything I Do) I Do It For You», pero no consiguió la tan apreciada estatuilla dorada.
Además de esa nominación, la película ganó los premios ASCAP, BAFTA Film, BMI Film Music, Evening Standard British Film, Golden Screen, Grammy, ALFS, MTV Movie, Golden Reel, Razzie y el premio al artista joven.


Wikipedia




Robin Hood: ¿historia o leyenda?

Algunos historiadores creen que los relatos del héroe-duende están vinculados con el espíritu de los bosques, que forma parte de la mitología pagana.
Robín era un nombre que los paganos daban generalmente a los seres sobrenaturales, y el color verde, que era el que distinguía la vestimenta del héroe, es el color tradicional atribuido al espíritu del bosque. También está extendida la teoría según la cual Robín Hood era sencillamente uno de los personajes de las antiguas ceremonias del primer día de mayo, que a través de los años pasó a ser primero una leyenda y luego un presunto personaje histórico. La doncella Mariann, que comparte las aventuras del héroe, puede ser una derivación de la Reina de mayo en esas mismas celebraciones paganas.
Sin embargo, las pruebas documentales indican que entre los siglos XIII y XIV un hombre llamado Robín Hood vivió en Wakefield, en el condado de York; él puede haber sido el proscrito de la romántica leyenda. Robín Hood (cuyo nombre de bautismo era Roberto) nació alrededor de 1290; su padre, Adam Hood, era un guardabosque al servicio de John, conde de Warenne y lord del señorío de Wakefield. El apellido del guardabosque y de su hijo figura en los antiguos documentos de juzgado con distintas grafías: a veces aparece como Hod, otras como Hode o Hood.
El 25 de enero de 1316, según indica un documento, la criada de Robín Hood aparece acusada de robar madera seca y vert (antiguo término inglés que designa a los árboles reservados para dar refugio y alimento a los ciervos) de un viejo robledal. Se la condenó a pagar una multa de dos peniques. En otros registros judiciales, de 1316, consta que Robín Hood y su esposa Matilde tuvieron que pagar una multa de dos chelines «por permitir que se construyera una casa de cinco habitaciones en una parcela vacía perteneciente al señor del condado».
En 1322, el amo del país de Robín era Thomas, conde de Lancaster. El conde convocó a sus súbditos a las armas para rebelarse contra el rey Eduardo 11; los súbditos no tenían más opción que la de obedecer incondicionalmente.
Robín se unió a las tropas del conde como arquero; la revuelta fue aplastada y Lancaster fue capturado, juzgado por traición y decapitado; sus propiedades fueron confiscadas por el rey y se proscribió a sus seguidores. Robín se ocultó en el bosque de Bamsdale, que en esa época cubría unos 48 kilómetros cuadrados y terminaba uniéndose al bosque de Shenvood, que ocupaba otros 40 kilómetros cuadrados en el condado de Nottingham. Los bosques estaban atravesados por la Gran Ruta del Norte, construida por los romanos; esa ruta proporcionaba pingües ganancias a los ladrones de caminos. En esta región nació la leyenda de Robín Hood.
En una de las supuestas aventuras de Robín Hood a lo largo de la Gran Ruta, el papel de antagonista corresponde al arrogante obispo de Nereford, que viajaba hacia York cuando vio al cabecilla proscrito y a algunos de sus hombres en trance de asar un venado para la cena. Tomándolos por campesinos y enfurecido por su flagrante violación de las leyes del bosque, el obispo los increpó. Los proscritos le contestaron con toda calma que no los molestase, porque estaban a punto de cenar. Entonces el obispo de Nereford ordenó a los guardias de su escolta que apresaran a Robín Hoody los suyos.
Los proscritos rogaron clemencia, pero el clérigo juró que no la habría para ellos. Fue en ese momento cuando Robín hizo sonar su cuerno y, en un abrir y cerrar de ojos, el desdichado obispo se vio rodeado por arqueros; el episodio ocurrió en el prado de Lincoln. Los proscritos tomaron prisionero al dignatario y a sus guardias y pidieron por ellos un rescate. Mientras permaneció cautivo, el obispo fue obligado a bailar la jiga alrededor de un gran roble; el árbol ya no existe, pero el sitio donde se levantaba es conocido hoy como la Raíz del Árbol del Obispo.
En Bamsdale y Sherwood hay otros robles vinculados a Robín Hood y su banda: del llamado Árbol Central, a mitad de camino entre Thoresby y Welbeck, se dice que constituía el punto desde el cual surgía la red de caminos secretos de Robín Hood, que se extendía por todo el bosque. Pero el árbol más famoso es el Roble Mayor, en Birkland. Se afirma que tiene 1000 años y es por lo tanto anterior a la conquista de Gran Bretaña por los normandos; tiene un diámetro de 9 metros. Lord Alfred Tennyson visitó este roble, el siglo pasado, y en su poema Los leñadores lo utiliza como metáfora para referirse al Pequeño John; el poema habla de éste como «ese roble en cuyo follaje pueden ocultarse nueve hombres sin tocarse.
Entre las anécdotas que se han transmitido a lo largo de los siglos acerca de la valentía de Robín Hood, figura la visita que Robín, acompañado de su íntimo amigo Pequeño John, hizo a la abadía de Abbey. El abad les pidió a ambos que mostraran su pericia con el arco; Robín y Pequeño John dispararon desde el tejado del monasterio y las flechas cayeron, una frente a la otra, a ambos lados de una calle de Whitby Lathes, a más de un kilómetro y medio del monasterio. El abad hizo erigir pilares de piedra en los sitios donde se clavaron los venablos; estos pilares sobrevivieron hasta fines del siglo XVIII. Los campos donde cayeron las flechas fueron llamados desde entonces Cercado de Robín Hood y Cercado de Pequeño John.
Pequeño John, segundo de Robín, recibió su irónico apodo a causa de su gran estatura. Se afirma que murió en Hathersage, en el condado de Derby; la tumba en que yacía fue abierta en 1784 y en ella se encontraron los huesos de un hombre excepcionalmente alto.
Robín y sus hombres se hicieron célebres, entre otras razones, porque desplegaron una actividad incesante en un territorio muy amplio. La bahía de Robín Hood, que dista muchos kilómetros de las costas del condado de York, fue bautizada así en recuerdo del proscrito, cuya banda tenía fondeadas allí numerosas barcas, que utilizaba para pescar y, eventualmente, para huir de las autoridades.
Durante uno de sus viajes, Robín visitó la iglesia de St. Mary, en Nottingham; una monja de la congregación lo reconoció y dio aviso al sherijf. Robín echó mano a su espada y, antes de ser capturado, mató a 12 soldados. No pudo ser llevado a juicio porque Pequeño John, al frente de un numeroso grupo de proscritos, cayó sobre Nottingham y rescató a su jefe; de paso, buscaron a la monja y le dieron muerte.
Pero lo que transformó a Robín Hood en un héroe popular fue su defensa de los desamparados. Se apoderó de las riquezas de los poderosos y las distribuyó entre los pobres; además, al burlarse de las impopulares autoridades de esa época, se ganó el apoyo de los campesinos oprimidos.
Uno de los más célebres relatos surgidos de los robledales de Sheewood, es la leyenda sobre el encuentro de Robín Hood con el rey Eduardo II. Narra que el rey, al saber que el número de ciervos reales de Whenwood disminuía debido al apetito de Robín Hood y su banda, decidió limpiar de proscritos el bosque. El rey y sus caballeros se disfrazaron de monjes y se internaron a caballo en el bosque. Cuando encontraron a Robín Hood y a parte de su banda, éstos les exigieron dinero; el rey les dio 40 libras y afirmó que eso era todo lo que tenía. Robín tomó entonces 20 libras para distribuir entre sus hombres y devolvió las otras 20 al rey. En ese momento, Eduardo II mostró a Robín el sello real y comunicó al proscrito que el rey quería verlo en Nottingham; Robín pidió a sus hombres que se arrodillaran ante el sello real y juraran fidelidad al rey. Más tarde, la banda invitó a los «monjes» a comer: la comida consistió en venado real a la brasa. Poco después Eduardo II reveló a todos su identidad y perdonó a los proscritos, con la condición de que se instalaran en la corte y se pusieran a su servicio.
La leyenda aparece en A Lvtell Geste of Robyn Hood, un libro publicado en 1459. Puede que todo esto no sea nada más que una leyenda; pero el rey estuvo realmente en Nottingham en noviembre de 1323, y el relato de su encuentro con Robín Hood es coherente con lo que se sabe de su personalidad. Además, el nombre de Robín Hood aparece meses después, en 1324, en los registros de la casa de Eduardo II. Allí figuran constancias de los salarios que se pagaron a Robín hasta noviembre de ese mismo año. A partir de esa fecha, el nombre de Robín desaparece de los documentos oficiales para sumergirse nuevamente en el folklore. Es posible que, después de disfrutar durante tanto tiempo de la libertad en el bosque, Robín fuera incapaz de ponerse al servicio de nadie, ni siquiera de su rey.
Las aventuras de Robín Hood en los bosques continuaron hasta cerca de 1346; se dice que murió en ese año, en el monasterio de Kirklees. Parece que la priora aceleró la muerte de Robín cuando éste le pidió que pusiera fin a los dolores que padecía: la religiosa -se dice- practicó a Robín una sangra tan prolongada que ya no pudo recuperarse.
La historia termina cuando Robín Hood consigue hacer sonar por última vez su cuerno de caza, aportado por su fiel compañero, Pequeño John. Antes de morir, Robín disparó una flecha desde la ventana de su habitación, en dirección al bosque, y pidió que lo enterraran en el sitio donde la flecha hubiese caído. Aún hoy es posible ver el sitio que Robín eligió como tumba.
La de Robín Hood es una historia romántica, que se ha mantenido viva y ha sido narrada y vuelta a narrar durante 600 años. Pero si se trata de un mito o de una historia real, de un hecho histórico o de una leyenda, es algo que permanece en el misterio.
Las hazañas de Robin Hood se narran en una serie de baladas que fueron transmitiéndose de forma oral, durante siglos y siglos. La balada es el género medieval de la literatura inglesa equivalente a los romances de nuestra literatura. En ellas se contaban las distintas aventuras de un héroe.
Las baladas son anónimas y fueron concebidas para ser cantadas o recitadas por los juglares. Por eso, debido a la transmisión oral y a la intervención de numerosos juglares, las baladas presentan diversas versiones sobre un mismo hecho.
En el caso de Robin Hood, sus hazañas se narran en más de treinta baladas. Éstas fueron recogidas en un verdadero poema épico: The gest of Robin Hood.
La balada se compone de cuatro historias:
- Robin y el Caballero: La historia de Sir Ricardo. 
- Robin, pequeño John (Juan) y el Sheriff: El concurso de arquería con la muerte del Sheriff.
- Robin y el Rey: El Rey entra disfrazado en el bosque al encuentro de Robin.
- La muerte de Robin Hood: Su traición en Kirklee donde es condenado a morir.
La obra, impresa alrededor del año 1500, agrupa los distintos episodios sobre la vida del héroe. A lo largo del tiempo, las andanzas de Robin Hood han inspirado obras literarias -como es el caso de Ivanhoe (I8I9), de Walter Scott. Asimismo, la vida del héroe de Sherwood ha sido llevada al cine. Robin Hood ha sido protagonista de numerosas películas, algunas de ellas de dibujos animados.





 (Todo lo que hago) lo hago por ti. - Bryan Adams

Mírame a los ojos, verás
lo que significas para mí,
busca por tu corazón, busca por tu alma,
y cuando me encuentres allí, no buscarás más.

No me digas que es algo que no merece la pena intentar,
no puedes decirme que no vale la pena morir por ello,
sabes que es verdad,
todo lo que hago, lo hago por ti.

Mira en tu corazón, encontrarás,
que no hay nada que esconder allí,
tómame como soy, toma mi vida,
te la daría toda, me sacrificaría.

No me digas que no merece la pena luchar por ello,
no puedo evitarlo, no hay nada que quiera más,
sabes que es verdad,
todo lo que hago, lo hago por ti.

No hay amor, como tu amor,
y ningún otro, podría dar más amor,
no hay un lugar, si tú no estás en él,
todo el tiempo, todo el camino.

-Mira en tu corazón, nena-
No me digas que es algo que no merece la pena intentar,
no puedo evitarlo, no hay nada que quiera más,
sí, pelearía por ti, mentiría por ti,
caminaría sobre el alambre por ti, si, moriría por ti.

Sabes que es verdad,
todo lo que hago, oh,
lo hago por ti.

 Wofgan Amadeus Mozart (1756-1791)
Quinteto para clarinete en La mayor para Anton Stadler K581
(Viena, 29 de septiembre de 1789)

1. Allegro
2. Larghetto en Re
3. Menuetto, Trío I en la y Trío II
4. Allegretto con variazioni

Karl Leister, clarinete
Brandis Quartet:
Thomas Brandis, violín I
Peter Brem, violin II
Wilfried Strehle, viola
Wofgang Boettcher, violonchelo

No existe, ni en Mozart ni en ningún otro músico, anterior a este Quinteto, la unión de un clarinete solo y de un cuarteto de cuerdas. Para complacer a Anton Stadler, su hermano en masonería, aborda Mozart este género nuevo, y, al primer intento, lo realiza a la perfección.
Pero esta obra de circunstancia responde también a una necesidad profunda en él mismo, que quizá no sintiera con claridad antes de entregarse a ella.
Y, para apreciar su valor, no hay que olvidar que Mozart, en septiembre de 1789, está sumergido en la concepción de conjunto y en los primeros trabajos de Così fan tutte. 
Volveremos más adelante sobre lo que caracteriza Così fan tutte: el tema de ópera más cruel que jamás haya tratado Mozart (y que le ha sido impuesto), el cinismo escarneciendo crudamente el candor de las ilusiones sentimentales, y la manera como Mozart ha sabido hacer un milagro contradictorio de ternura presente en todo momento, en el seno de la crueldad misma. Y haremos notar también que el clarinete juega un papel capital en cada lugar de la partitura donde la ternura se expresa con más pureza. 
Se comprende entonces mejor el sentido íntimo del
Quinteto "Stadler": la contrapartida casi obligada de la ópera y al mismo tiempo su preludio tan imprescindible que necesitaríamos escucharlo antes de cada representación.
Mozart necesita, para realizar el más difícil, el más inverosímil de sus triunfos dramáticos, afirmar primero, con toda la seriedad y la alegría de que es capaz, que no está seguro de nada excepto de la santidad de los sentimientos del corazón.
Se observará que los tres temas del allegro -como tres grados de ternura: el primero más solemne, el segundo más desenfrenado, el tercéro más apacible- estan dados por las cuerdas: el clarinete responde, ora con una exaltación vibrante, ora con una aquiescencia melódica, ora modulando el segundo tema y profundizándolo hasta la frontera con lo patético; el diálogo prosigue fraternalmente entre la unión de las cuerdas, conducido por el primer violín, y el clarinete solo; y en la "durchführung", las cuerdas repiten la primera respuesta del clarinete, -mientras el clarinete las sostiene con un amplio arabesco en ojiva.
El sostenido por las cuerdas, en sordina, prosigue a través del larghetto un canto cortado de diálogo con el primer violín; la búsqueda de una mayor interioridad del sentimiento, comenzada en el allegro, se hace más profunda y más abierta al mismo tiempo; la variedad tonal es tal que se hace tangible la existencia conjunta de la felicidad y de la angustia en el corazón, dentro de una misma esperanza. 
Todo termina con el registro más grave del violoncello y del clarinete, con la más seria confianza. 
Después sólo una danza en el activo minueto que sucede a esta efusión, y que recibe su sentido de los dos tríos; el primero reservado a las cuerdas solas, en la menor, último regreso de una ansiosa melancolía; el segundo, donde, al contrario, triunfa el clarinete sobre los ritmos robustos y sencillos de un Laendler rústico: aquí es donde adquiere toda su fuerza la exigencia de "ingenuidad" popular formulada por Mozart a propósito de la arieta K579. 
La obra, comenzada con un recogimiento solemne, continuada con una meditación íntima, desemboca en una franca alegría común, que dará el tono al finale. El tema de éste tiene el júbilo de una marcha vigorosa. Está expuesto por las cuerdas; lo repiten de nuevo en la primera variación que recubre el clarinete en una demostración de gozo todavía serena. El clarinete desaparece en la segunda variación, donde el tema está desmembrado por el primer violín sobre un fondo de tresillos, después en la tercera en la menor, un dibujo del alto acusa la gravedad dolorosa; pero de nuevo el clarinete aparece exultante en la cuarta con un triunfal desparpajo.
Nos creeríamos muy cerca de una conclusión en el estilo de la ópera bufa, pero una transición breve e intensa conduce la quinta variación, adagio, donde todos los instrumentos colaboran fraternalmente para expresar la más dulce ternura. Nueva transición, cuya marcha, cortada de silencios, bastaría por sí sola para marcar el significado masónico de la obra.
Y coda y allegro, más atrayente que brillante. Después de una plenitud semejante, transcuirirán dos años antes de que Mozart regrese a la misma tonalidad (en su música instrumental); será para magnificar la misma realidad profunda en el Concerto para clarinete, K622.
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