lunes, 25 de agosto de 2014

Toccata y Fuga en re menor - Johann Sebastian Bach




Johann Sebastian Bach es, quizá, el culmen, el máximo exponente de una forma especial de hacer y entender la música: Música hecha por eruditos para eruditos. En la época de Bach (el barroco), la interpretación de la música (al menos la occidental, de la oriental no tengo datos) se circunscribía, salvo excepciones, bien al acompañamiento de los diferentes ritos religiosos, bien al acompañamiento de eventos cortesanos en las diferentes cortes esparcidas por toda Europa, cortes de reyes, príncipes, duques, condes, margraves, barones…Prácticamente no existía el concepto de “música popular” interpretada por orquestas “serias”: el pueblo llano, en su mayor parte analfabeto, naturalmente que hacía música en sus fiestas populares, pero era de tradición oral y casi, casi, desprestigiada para su aparición en los salones… y no digamos en las iglesias. Esto cambió más adelante, como podéis suponer, pero en los Siglos XVII y XVIII esto era lo que había.
En estas últimas, en las iglesias, quiero decir,  era necesario, por una parte, ejecutar música perfecta para emular en lo humanamente posible la perfección de dios, y los asistentes a los oficios religiosos entendían muchísimo sobre este tema, y distinguían sin lugar a duda las obras de calidad de las de pobre factura. Y en los salones cortesanos, la educación de príncipes, barones, duques y demás grey comprendía una magnífica formación musical, siendo muchos de ellos no sólo grandes entendedores, sino ejecutantes ellos mismos, como era el caso del Margrave de Brandeburgo, violista da gamba que encargó a Bach los seis famosos conciertos, o sea, que también entendían una barbaridad de música y distinguían lo bueno de lo malo sin dudar. Llegar a ser un músico de prestigio en estas condiciones sólo estaba al alcance de unos pocos.
Y en este ambiente tan exigente apareció el gran Bach. A él está dedicado este artículo, con todo mi ignorante atrevimiento y mi humilde admiración… Espero que el maestro me perdone, allá donde esté.
Nació Johann Sebastian Bach en Eisenach (Turingia, en el centro geográfico de Alemania) en 1685, en el seno de una familia de músicos profesionales (su padre, sus tíos, todos eran renombrados ejecutantes), y por consiguiente recibió una excelente formación musical, aprendiendo a tocar el clavecín (precedente del pianoforte, y por tanto, de nuestro piano moderno), el violín, la viola da gamba… Y nuestro Johann Sebastian obtuvo rápidamente un enorme renombre como intérprete, sobre todo de clavecín y deórgano, lo que le llevó a ser invitado con frecuencia en diferentes localidades para dar conciertos, o mejor, para poner su música a disposición de las ceremonias religiosas o eventos palaciegos.
Pero, para qué engañarnos, nadie se acordaría hoy de Bach si tan sólo hubiera sido un excelente intérprete.[2] La enorme fama de Bach viene, naturalmente, de su sobrenatural capacidad para la composición, llevando la técnica del contrapunto a su máxima (e inalcanzada desde entonces) altura. Consiste esta técnica en utilizar dos o más melodías diferentes e independientes entre sí (llamadas normalmente voces) que se escuchan luego simultáneamente… Fácil de describir, sí, pero dificilísimo de realizar. Bueno, hacerlo, lo que se dice hacerlo, es fácil, en realidad. Cualquier puede… Lo que es difícil es lo que Bach consigue siempre, siempre: que siendo ambas melodías perfectamente distinguibles, se empasten una en la otra de forma natural y, casi diría yo, inevitable, obteniendo un resultado armonioso y bello. Ejemplos de esta técnica hay muchísimos en Bach, y espero que cuando oigáis la obra de hoy os quede algo más claro.
Además, fue un consumado filósofo, estudioso de la música y es, cómo no, uno de los pilares clave de la cultura musical universal, como lo fue de la comunidad de Leipzig en que vivió sus últimos años. Pocas personas del mundo deben ignorar quién fue Bach, universalmente respetado y admirado…
Quizá una historieta sobre la influencia de Bach en la música de los sucesores me permita trasladaros la enorme importancia que su figura tuvo para la música posterior. Es la historia de la afinación o, mejor aún, de la temperación.
Como sabéis, el sistema de notación musical moderno divide todo el intervalo de sonidos posible (el que el oído humano medio es capaz de distinguir, que viene a ser desde unos veinte Hz hasta unos veinte mil… siempre que seas joven: yo ya no paso de diez o doce mil; cosas de la edad) en ocho octavas,[3] donde cada una de las octavas tiene el doble de altura que la anterior. En realidad, por decirlo con propiedad, cada nota de una octava tiene el doble de altura, o de frecuencia, que la misma nota de la octava precedente… pero me estoy adelantando. Sigamos por donde íbamos:
Cada octava se compone de siete notas (Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si), llamadas notas naturales, y de cinco notas intermedias, que se sitúan entre Do y Re, entre Re y Mi, entre Fa y Sol, entre Sol y La, y entre La y Si. No hay notas intermedias entre Mi y Fa, ni entre Si y Do (el Do de la siguiente escala, claro).[4] Esas notas intermedias son los bemoles o los sostenidos: Un sostenido tiene más altura que su nota original, mientras que un bemol tiene menos altura. Es decir: entre el Do y el Re están tanto el Do sostenido como el Re bemol. [5]
El hecho de que cada octava se defina por tener el doble de altura (frecuencia) que la anterior significa que si, por ejemplo, el La de la tercera octava tiene, es un suponer, una altura o frecuencia de 440 Hz, el La de la cuarta octava, que es la siguiente, tendrá exactamente 880 Hz, mientras que el La de la segunda octava tendrá 220 Hz, y así sucesivamente, y lo mismo con todas y cada una de las notas (el Do, el Si bemol, el Fa, etc). Las notas intermedias entre Mi y Fa y entre Si y Do no existen,[6] pero es porque suenan mal… suenan disonantes al oído, suenan desafinadas. Y claro, un músico no quiere que su música suene desafinada… hasta que llegaron los dodecafonistas y la escuela moderna, y no sólo no les importó que su música sonara desafinada, sino que incluso lo buscaban deliberadamente. Pero no os preocupéis por ello, ninguno de estos desafinadores profesionales va a aparecer nunca en esta ignorante serie… ¡bastante tengo con tragármelos de vez en cuando en los conciertos a los que asisto! Un excelente artículo donde se expone cómo son las notas musicales desde el punto de vista matemático lo podéis encontrar aquí.
Históricamente, las primeras formas de afinación eran las pitagóricas, donde la relación entre las quintas era de 3:2, o sea, lo que se llamaba la quinta justa.[7] Esta forma de afinación, matemáticamente perfecta y profusamente utilizada durante la Edad Media, pues era muy adecuada para sus monofonías (cantos a una sola voz: el que haya oído canto gregoriano sabe lo que es eso: todos los cantantes cantando simultáneamente exactamente la misma melodía) tenía, por lo que se ve, un serio inconveniente: los instrumentos así afinados sólo podían ejecutar obras en una sola tonalidad, pues intentar tocar algo en cualquier otra tonalidad sonaba desafinado, y eso impedía además trasponer una obra de una tonalidad a otra distinta… Insisto, no me preguntéis mucho sobre esto de las tonalidades, que no sé casi nada de ellas… sólo cuándo una música me gusta y cuándo no.
Así que a partir del Siglo XVI se intentaron diferentes sistemas de afinación, sobre todo para el clavecín, por ser un instrumento de teclado, que permitiera escribir obras para todas las tonalidades posibles, o bien transponer obras escritas en una tonalidad a cualquiera otra. En la época de Bach era ya mayoritariamente utilizado el Sistema o “Temperamento justo”, que solucionaba en no sé qué medida el problema, pero que aparentemente seguía sin dar respuesta a todas las posibles tonalidades, y que además, al igual que el sistema pitagórico, tenía en su octava final una quinta del lobo que no gustaba nada, pero nada, a los teóricos musicales… Bueno, a mí esto de la “quinta del lobo” me suena en realidad a “finca rústica en un Paraje Natural, protegida por la abundancia de cánidos salvajes”, pero estoy casi seguro que debe referirse a alguna otra cosa, una cosa muy docta e importante…. En fin.
http://eltamiz.com/elcedazo/2010/08/26/historia-de-un-ignorante-ma-non-troppo%E2%80%A6-toccata-y-fuga-en-re-menor-de-johann-sebastian-bach/




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