lunes, 22 de septiembre de 2014

Edipo rey- Tragedia: Sófocles

Edipo rey (gr. Oι̉δίπoυς τύραννoς, Oidipous Tyrannos, lat. Oedipus Rex) es una tragedia griega de Sófocles, de fecha desconocida. Algunos indicios dicen que pudo ser escrita en los años posteriores a 430 a. C.
Aunque la tetralogía de la que formaba parte (de la que se han perdido las demás obras) solo logró el segundo puesto en el agón dramático, muchos consideran Edipo rey la obra maestra de Sófocles. Entre ellos, Aristóteles, que la analiza en la Poética.

La obra nos presenta a Edipo en su momento de mayor esplendor, como rey de Tebas y esposo de Yocasta. Para salvar a la ciudad, comienza a investigar la muerte del rey anterior, Layo. Poco a poco se descubre la verdad: Edipo es el asesino que busca, Layo era su padre y su esposa, Yocasta, es al mismo tiempo su madre.

Yocasta se suicida y Edipo, tras cegarse a sí mismo, pide a su cuñado Creonte que le deje partir al destierro y se quede con sus dos hijas, ya que sus dos hijos son hombres y sabrán cómo actuar.

Estructura
Edipo Rey es una obra dramática en un solo acto, pues toda la obra se desarrolla en una unidad de tiempo.

La obra es una tragedia. Como tal, presenta a personajes eminentes, de elevada condición social, utiliza un lenguaje solemne y elevado y concluye con el sacrificio de varios personajes (en este caso, dos: Yocasta y Edipo), que pagan con la muerte (Yocasta) o la ceguera y el exilio (Edipo) sus acciones.
Consta de un prólogo, seguido de ocho episodios (escritos en trímetros yámbicos), entre los cuales se intercalan las intervenciones solistas del coro (párodos, cuatro estásimos) y el diálogo lírico del coro con los demás personajes. Las partes del coro (incluido el diálogo lírico con los demás personajes) se cantaban; el resto se recitaba. En el recitado, además de trímetros yámbicos, hay también algunos pasajes en anapestos y tetrámetro trocaico cataléctico.

Temática

La obra plantea varios temas y se ha interpretado de formas variadas a lo largo de los siglos.

Uno de los temas que se plantean es la fuerza del destino. Los personajes reciben malos presagios y cuando actúan con el fin de evitar su desgracia, no hacen sino cumplir con la profecía. Se trata de un tema común a la tragedia y a la mitología griega en general. En esta obra de Sófocles, por ejemplo, el personaje Layo recibe el aviso de que su hijo Edipo lo asesinará y decide abandonar al niño en el campo a su suerte. Pero el niño sobrevive y se da una precondición para que se produzca el asesinato: Edipo crece sin saber que Layo es su padre. Años más tarde, el oráculo le dice a Edipo que matará a su padre. Creyendo huir de su destino, huye de Corinto para no matar al que cree su padre, sin saber que precisamente esa acción lo cruzará con su verdadero progenitor en el camino.

Otro tema es el tabú en las relaciones familiares. Edipo mata a quien bajo ninguna circunstancia debería matar, a quien le diera la vida, y tiene relaciones incestuosas con quien lo engendró, su propia madre. Sin embargo, Edipo realiza estas acciones éticamente reprobables sin ser consciente de ello. El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, retomó esta idea para elaborar el concepto de «complejo de Edipo». Freud argumenta que el primer despertar sexual ocurre durante la niñez y se manifiesta en el deseo sexual hacia el progenitor de sexo opuesto y la hostilidad contra el progenitor del propio sexo. Freud se vale de esta obra (escrita más de dos mil años antes) para ilustrar que los deseos incestuosos son una primitiva herencia humana y que la vigencia de esta obra se debe a la permanencia de tales pulsiones. El rechazo del incesto y el parricidio que ha cometido lleva a Edipo a agredirse a sí mismo, dejándose ciego (lo que algunos discípulos de Freud han interpretado como una metáfora de la castración).

La obra plantea también el problema de la búsqueda de la verdad y los riesgos y perjuicios que entraña alcanzar el conocimiento. Nietzsche habla de este drama en el capítulo nueve del Nacimiento de la tragedia. Presenta a Edipo como un transgresor, un héroe condenado a caer por haber intentado llegar demasiado lejos. Al transgredir la naturaleza y las normas sociales, y querer averiguar aquello que está prohibido, Edipo descubre un mundo cuya visión está vedada al resto de los mortales. Comete una versión masculina, heroica, del pecado original, al elegir comer del árbol del conocimiento que condena a la humanidad a abandonar la inocencia. En este caso es su curiosidad y su entereza lo que le estimula a investigar. Ese abandono de la inocencia, de la cómoda ignorancia, es el destino cruel y heroico de Edipo, y su gesta consiste en su sacrificio. Como Prometeo, él paga por un bien que la humanidad recogerá tras su acción.

Edipo rey es también una afirmación del poder de los dioses. A través de toda la obra queda clara la influencia decisiva que tiene Apolo en los acontecimientos, dando forma al destino de los personajes. Se descubre que la palabra divina es exacta, que debe obedecerse sin titubeos y que hay que respetar a quienes la profieren.

Wikipedia

Edipo Rey - Sófocles
http://www.ciudadseva.com/textos/teatro/sofocles/edipo_rey.htm

Edipo Rey - Sofócles (Audiolibro) [Completo]
http://www.youtube.com/watch?v=eOeWI5ARkLY




Epopeya

La epopeya es un subgénero épico o narrativo, escrito la mayor parte de las veces en verso largo (Hexámetro), o prosa, que consiste en la narración extensa de acciones trascendentales o dignas de memoria para un pueblo en torno a la figura de un héroe que representa sus virtudes de más estima.

Rasgos distintivos y origen
En ella intervienen muchas veces los hombres comunes y corrientes, así como los dioses del olimpo y existen elementos fantásticos. Casi siempre sus argumentos tienen que ver con hazañas o gestas peligrosas relacionadas con guerras, batallas o viajes fantásticos, incluyendo muchos de ellos sueños proféticos o visiones de ultratumba. Su extensión es muy grande y van desapareciendo a lo largo de la historia hasta que en la actualidad ya no se componen, porque no son reflejo de una sociedad en que el poder lo detente un estamento noble dedicado a la guerra con un sistema de valores centrados en el honor individual o la honra colectiva que encarna el personaje principal, héroe o protagonista, muchas veces secundado por otro héroe siguiente en importancia y ayudante, denominado deuteragonista.

La última gran época en que se crearon epopeyas fue la Edad Media, con sus cantares de gesta o epopeyas medievales; ya en el siglo XIX, fueron absolutamente eliminadas o más bien remplazadas por la novela realista o epopeya del héroe corriente o de la clase media que por entonces conquistó el poder político y el prestigio social y reveló en ella unos valores distintos del honor nobiliario y propios de una clase social nueva, la burguesía: el individualismo y el materialismo.

Entre los subgéneros de la epopeya figuran el epilio, epilion o canto épico; el cantar de gesta; la saga islandesa; elromance épico antiguo; el poema heroico o poema épico culto; el roman courtois; el libro de caballerías; la epopeya burlesca y la novela. La característica principal de la epopeya es su ambiciosa extensión, repartida a través de diversas rapsodias o cantos.

Los primeros esbozos épicos fueron producto de sociedades preliterarias y tradiciones poéticas orales. En esas tradiciones, la poesía se transmitía a la audiencia y era reproducida por medios puramente orales.Los clásicos estudios sobre la epopeya popular de los Balcanes realizados por Milman Parry y Albert Lord demostraron el modelo paratáctico usado en la composición de este tipo de poemas y la importancia de las fórmulas mnemotécnicas en su repentización.

Las largas epopeyas se construían en forma de cortos episodios de igual interés e importancia, y usaba determinados pasajes de tránsito para darse tiempo a ir recordando cada uno de los pasajes que debía engarzar, pasajes de tránsito que por tal motivo eran muy repetidos constituyendo las llamadas fórmulas o estilo formular. Parry y Lord sugirieron también que las obras de Homero (el primer autor de epopeyas) podrían haber sido compuestas de un modo semejante, a partir del dictado de un texto oral.

Las epopeyas deben poseer al menos diez características:
1. Invocación o súplica preliminar a la Musa.
2. Formulación inicial del asunto o tema de la obra.
3. Comienzo In medias res.
4. El espacio de acción es vasto, cubre muchas naciones o el universo.
5. Uso de epítetos y fórmulas repetidas.
6. Inclusión de extensas enumeraciones.
7. Presencia destacada de largos y cuidados discursos.
8. Intervención e implicación de los dioses en los asuntos humanos.
9. Presencia de héroes que encarnan valores de una nación, civilización o cultura.
10. A menudo cuenta con un descenso trágico del héroe al inframundo pagano o infierno o una visión profética.

Epopeya semítica antigua

La interesante épica semítica antigua tomó como modelo el enfrentamiento entre un héroe que simbolizaba la civilización y los valores urbanos, el rey en un tercio divino Gilgamesh, y otro héroe que representaba los valores naturales, campesinos y rurales, Enkidu. Ésta es la materia que configura la llamada Epopeya de Gilgamesh, en la que ambos héroes se hacen amigos contra los dioses que quieren enemistarlos; tras luchar contra el giganteHumbaba y otras muchas aventuras muere Enkidu y, embargado por la pena, Gilgamesh consulta con el viejo Utnapishtim, que hizo el arca para escapar deldiluvio, preguntándole cómo devolverlo a la vida; viaja al inframundo en busca de la hierba de la inmortalidad, pero en un momento de descuido una serpientese la arrebata. El final del texto está muy deturpado, pero al parecer Gilgamesh, que sólo en un tercio es divino y en dos tercios es humano, se suicida. Esta epopeya, una de las más importantes que jamás se han escrito, demuestra cómo el hombre puede transformarse en un superhombre, casi en un ser divino, pero no en un dios. Elementos de la Epopeya de Gilgamesh siguen vivos en el Génesis, libro del Antiguo Testamento. Algunos episodios del mismo están claramente inspirados en el poema y en otros episodios de otra literatura, la egipcia.

Principales epopeyas griegas
Se atribuyen a Homero, un aedo o cantor de poemas ciego (aunque algunos estiman que se trata de un conjunto de poemas unidos por un refundidor común, véase Cuestión homérica), dos largas epopeyas en hexámetros, la Ilíada y la Odisea, que constituyen el fundamento de la cultura común de los pueblos griegos. Apenas quedan restos de la Destrucción de Troya, de la Tebaida y de la Edipodia. Es burlesca la Batracomiomaquia, o guerra entre las ranas y los ratones. Posteriores son las Posthoméricas de Quinto de Esmirna y la Argonáutica de Apolonio de Rodas y se presentan como relatos reales de soldados que asistieron a la Guerra de Troya, y por tanto como obras históricas, las novelas de Dictis Cretense desde el lado griego y Dares Frigio desde el lado troyano, muy populares en la Edad Media.

Epopeyas romanas
Los poetas preclásicos Quinto Ennio o Cneo Nevio compusieron ya epopeyas en latín, pero fue Virgilio quien realizó la que se considera epopeya nacional romana, la Eneida, en doce cantos y un total de casi diez mil hexámetros; los seis primeros narran el viaje de Eneas tras la caída deTroya en busca de una tierra en que asentarse y constituyen una especie de Odisea, y los seis últimos, que narran las guerras en el Lacio de los troyanos asentados en él, una Iliada. La obra es del Siglo I a. C. y fue escrita por encargo del emperador Augusto, con el fin de glorificar, atribuyéndole un origen mítico, el Imperio que con él se iniciaba. Con este fin, Virgilio elabora una reescritura, más que una continuación, de la Ilíada.
Si no contamos los numerosos epilios o pequeñas epopeyas compuestas por poetas latinos, son epopeyas posteriores a las citadas la Farsalia de Lucano, la Púnica de Silio Itálico, lasArgonáuticas de Valerio Flaco y la Tebaida y la Aquileida deEstacio. Los poetas épicos de época tardorromana se desvían frecuentemente hacia el panegírico; tal es el caso de Claudio Claudiano, de Merobaudes y de Draconcio. Se han perdido otras muchas epopeyas, o apenas se conservan restos de ellas, como del Bellum Historicum de Hostio, el Bellum Sequanicum de Varrón Atacino y otras de Rabirio y Vario Rufo, amigo este de Virgilio que fue quien publicó su Eneida, enterrando así su propia epopeya en el olvido, pese a que en su tiempo tuvo no poco aprecio en el círculo de Mecenas. Otros autores de epopeyas fueron Albinovano Pedo, del que se conserva un largo fragmento que cuenta el viaje de Germánico al mar del Norte, y Herculano, autor de un Carmen de bello Aegyptiaco.

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Mitología griega: la historia de Edipo

Edipo es un personaje de la mitología griega que da nombre a un famoso síndrome mental: el complejo de Edipo, descubierto por Freud. Pero, ¿quién fue Edipo?

Era hijo de Layo y Yocasta, reyes de Tebas. Cuando éstos iban a contraer matrimonio, el oráculo de Delfos les advirtió de que el hijo que tuvieran llegaría a ser el asesino de su padre y más tarde se casaría con su madre. Cuando nació su primogénito, Layo encargó a un conocido suyo que matase al niño para que no se cumpliera el funesto futuro que les había augurado el oráculo. Esta persona se fue hasta el monte Citerón, perforó los pies del niño y le colgó de un árbol para que muriera poco a poco.
Sin embargo, pasaba por allí un pastor, Forbas, que escuchó el lamento del bebé y le salvó. Se lo entregó a Polibio y a su esposa, Peribea. Juntos le criaron y le pusieron por nombre Edipo, que significa el de los pies hinchados.

Al igual que muchos otros héroes de la mitología griega, cuando era un adolescente mostró su gran habilidad para la gimnasia, algo que levantó la admiración de muchos oficiales militares, que le veían como un futuro soldado. Uno de sus compañeros sentía envidia y le espetó que no era más que un hijo adoptado y que por tanto no tenía honra. Por ello acudió a su madre y le preguntó en reiteradas ocasiones si ella era su verdadera madre, pero Peribea veía que la verdad podría hacerle daño, así que insistió en asegurarle que era ella.
Sin embargo, Edipo no se conformaba con las respuestas, por lo que decidió ir hasta el oráculo de Delfos para que le diera respuestas. El oráculo le pronosticó lo mismo que a los reyes de Tebas, por lo que le aconsejó que no se acercase al lugar que le había visto nacer. Edipo entonces decidió que no volvería a Corinto, por lo que puso rumbo a Fócida.
Durante el camino destacan dos sucesos. Primero, se enfrentó en un cruce al pasajero de un carruaje al que dio muerte accidentalmente; se trataba de Layo, su padre, aunque Edipo desconocía tal hecho. El segundo es el encuentro con un horrible monstruo, la esfinge. Se trataba de un ser con cabeza y manos de mujer, voz de hombre, cuerpo de perro, cola de serpiente, alas de pájaro y garras de león. Estaba situada en lo alto de una colina y a todo aquel que se acercara le hacía una pregunta, ante cuya ignorancia moría en sus manos el desdichado.
El nuevo rey de Tebas, Creonte, hermano de Yocasta, ofrecía como recompensa la mano de su hermana y, por consiguiente, el trono de Tebas, a aquel que consiguiera descifrar el enigma de la esfinge y deshacerse de ella.
Edipo decidió entonces enfrentarse a tal ser. Cuando se encontró con la esfinge, ésta le pregunto: “¿Cuál es el animal que por la mañana anda sobre cuatro pies, dos al mediodía y tres por la tarde?”. Edipo, que contaba con una gran inteligencia, no tardó en responder que se trataba del hombre, ya que en su infancia anda sobre sus manos y pies, durante la época adulta anda sólo sobre sus piernas, pero en su vejez debía de ayudarse de un bastón como si fuera un tercer pie. La esfinge se puso furiosa de que alguien hubiese resuelto el acertijo, por lo que se suicidó golpeándose la cabeza contra una roca.
Como recompensa, Creonte cumplió con lo prometido y le entregó a Yocasta. Edipo vivió feliz durante muchos años junto a su mujer y a los hijos que había tenido con ella, Etéocles, Polinice, Antígona e Irmene. Pero la felicidad se vio truncada cuando llegó una epidemia de peste, arrasando toda la región.

Ante este problema acudió al oráculo de Delfos para que le dijera cómo solucionarlo. El oráculo aseguró que sólo se acabaría cuando se descubriese al asesino de Layo y fuera expulsado de Tebas. Edipo comenzó entonces a investigar hasta que descubrió la verdad, que había sido él el asesino y se había casado con su propia madre.
Yocasta no pudo soportar la verdad y se suicidó. La noticia había afectado en gran medida a Edipo, quien consideró que no merecía ver más la luz del día y decidió sacarse los ojos con una espada. Después fue expulsado de Tebas por sus hijos, aunque Antígona se fue con él para ayudarle y guiarle.
Así llegó hasta Ática, donde vivió como un mendigo. Continuó su viaje hacia Atenas hasta que entró en un santuario dedicado a Erinias donde los lugareños le reconocieron y quisieron acabar con su vida. Respecto al final de la historia hay dos versiones. La primera asegura que las palabras de Antígona consiguieron que le pudiera salvar la vida, tras lo cual fue recogido por Teseo y acogido en su casa.
La otra versión asegura que murió en el santuario pero antes de exhalar su último aliento, Apolo le prometió que el lugar sería sagrado y consagrado a él y que aquello sería provechoso para la ciudad de Atenas.




 Canciones con historia: No hago otra cosa que pensar en ti – Joan Manuel Serrat



No hago otra cosa que pensar en ti
por halagarte y para que se sepa,
tome papel y lápiz y esparcí
las prendas de tu amor sobre la mesa.

Serrat

¿Hay alguna canción que no se haya escrito pensando en alguien?. A continuación te ofrecemos el resultado de la ingente tarea de seleccionar canciones de músicos meditabundos. Confiamos que, entre ellas, descubras alguna canción inolvidable.

Buscaba una canción y me perdí
en un montón de palabras gastadas,
no hago otra cosa que pensar en ti
y no se me ocurre nada.

Joan Manuel Serrat compuso “No hago otra cosa que pensar en ti” para su disco “En tránsito”, publicado en 1981. Veintiséis años más tarde, el “Nano” se sube a los escenarios junto a otro “pájaro” de apellido Sabina y de nombre Joaquín. Disculpen el ditirambo, pero para muchos aficionados -entre los que nos encontramos- tener al jiennense y al barcelonés, mano a mano, encima de las tablas, es comparable al haber asistido, anacronismos aparte, a un recital poético de Cervantes y Quevedo al alimón. En esta versión del año 2007, Serrat y Sabina, desgranan su inigualable gracejo. ¡Y es que es aparecer el Siglo de Oro y se nos contagian los palabros!.

Porque toda clase de amor
o, al menos, mi tipo de amor,
para empezar, tiene que ser un amor imaginario,
lo que supongo explica que suela volver a casa solo, bajo la lluvia
De todas formas, me estampo el busto de Schubert en la cabeza.



http://www.canalextremadura.es/radio/blog/episodio-15-no-hago-otra-cosa-que-pensar-en-ti




Literatura de los cuatro elementos – Eduardo Casas

Te escribo sobre el agua del mar.
Mareas saladas
que vienen y van.
Literatura muda y móvil.
Palabras que mueren apenas nacen.

Te escribo en el aire
con líneas invisibles y letras intangibles.
Habito en el viento
donde nada es quieto.

Te escribo en la tierra.
Pasan y pisan
páginas deletreadas
que se dibujan y se diluyen
antes de ser leídas.

Te escribo en el fuego.
Todo se consume
en un dorado que devora.
Rojas lenguas
de sangre y venas.

Te escribo con cada elemento
de este mundo y de este tiempo.

Todo es emisario y mensajero
de palabras y sentimientos.

Siempre te estoy escribiendo.

Lee todo mi silencio.



Sonata para piano Nº 23 en fa menor, Opus 57, "Appasionata"
Ludwig van Beethoven (1770-1827)

1. Allegro Assai.
2. Andante con moto - attacca:
3. Allegro, ma non troppo - Presto.
Daniel Barenboim, piano.

La Sonata para piano Nº 23 en fa menor Opus 57 de Ludwig van Beethoven, conocida como Appassionata (apasionada), es considerada una de las tres grandes sonatas de su período medio (las otras son la Sonata "Waldstein" Op. 53 y la Sonata Les adieux Op. 81). Fue compuesta en Döbling, un pueblo cerca a Viena en 1804, dedicada al conde Franz von Brunswick y publicada por el Bureau des Arts et d'Industrie.

La Appassionata fue nombrada así por el editor. Beethoven se indignó con el nombre, pues creía que todas sus obras estaban escritas para tocarse apasionadamente y no sólo ésta. Beethoven terminó el tercer movimiento de su Sinfonía n.º 5 con una tensión irresuelta. Sin pausa entre los movimientos, sigue el cuarto con una fanfarria triunfal. A semejanza de éste, aquí también hay un breve momento de tensión sin resolver al terminar este movimiento intermedio (una pausa un poco más breve que en la Quinta). Pero, a diferencia del triunfo de la Quinta, este movimiento final anuncia en sí la agonía y tiene una coda desesperada.

Movimientos:
1. Allegro Assai.
Es un allegro de sonata sin repeticiones en compás 12/8 y dura cerca de 10 minutos. Pese a su duración, esta pieza se va moviendo entre rápidos cambios de tonalidad y súbitos cambios de dinámica. El tema principal tiene un ritmo característico, como un ritmo punteado, pero con una proporción de 5:6, en lugar de una de 3:4, que es difícil de tocar. El escoger la tonalidad de fa menor se hace obvio cuando se nota que el movimiento hace uso frecuente del ámbito grave y oscuro del fa más bajo del piano, que era la nota más grave del instrumento en aquella época. El movimiento es tranquilo y algo lento al inicio, interrumpido por grupos de acordes tocados rápidamente.

2. Andante con moto-attacca.

3. Allegro, ma non troppo - Presto.
El tercer movimiento es un allegro de sonata en el cual, muy inusualmente, sólo la segunda parte habrá de repetirse, según las indicaciones. El movimiento es un perpetuum mobile, con rápidas semicorcheas que sólo son interrumpidas en el desarrollo y en la coda. El movimiento es de naturaleza compleja, rápida y agitada, con rápidas semichorcheas interrumpidas sólo en el desarrollo y coda. Ha recibido varios adjetivos de parte de los críticos: "apasionada", "desesperada" y "que quita el aliento".


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Sinfonía Nº 1 de Ludvig van Beethoven

"Una caricatura de Haydn llevada hasta el absurdo." Este fue el comentario de un crítico con respecto a la Sinfonía en Do mayor de Beethoven, cuando el compositor la presentó en su primer concierto de gran escala en Viena. Se desconoce la reacción de Beethoven ante la dureza de semejante crítica, pero la comparación inevitable con Haydn debió de haberle irritado.

La Primera Sinfonía fue compuesta en 1799-1800, pero hay bosquejos que datan de 1795. Beethoven dirijo su estreno en Viena, el 2 de abril de 1800.

Haydn había sido maestro de Beethoven así como su principal influencia y los años próximos al 1800 estuvieron marcados por la lucha por superar esta influencia y establecer su propio estilo y su propia carrera. Las relaciones de Beethoven con su antiguo maestro en esos días eran tensas, como lo habían sido durante sus años de estudiante, 1792-1793.

En esa época, Haydn, reconociendo el genio y el potencial de su discípulo, le había pedido a Beethoven que públicamente se designara como "alumno de Haydn". El joven y testarudo compositor, sintiendo que Haydn le envidiaba, se negó. Beethoven, que como estudiante era mucho menos que ideal, insultó a su mentor una segunda vez: mientras tomaba clases de contrapunto con Haydn, en secreto, buscó otro maestro para que le ayudara con las tareas que le asignaba el primero. Con el tiempo, Haydn descubrió la duplicidad de Beethoven y, comprensiblemente, se sintió molesto. Pero Beethoven, además, fue poco honesto con Haydn de otra manera: le presentaba a su maestro obras "nuevas" que, en realidad, eran piezas que había escrito años atrás, en Bonn. Además, a Haydn le irritaba el rápido ascenso de Beethoven dentro de la sociedad vienesa. Este joven músico no estaba dispuesto a pasar las dos terceras partes de su vida como servidor de la nobleza.

Aunque Beethoven no era demasiado concienzudo en sus ejercicios de contrapunto y, aun cuando, aparentemente, Haydn era igualmente indiferente al corregirlos, el joven compositor aprendió lecciones importantes de las obras de su maestro. El tratamiento de la forma sonata, de la armonía de gran escala, del poder emocional del contraste, de las formas de lograr unidad dentro de la variedad; estas características de la mejor música de Haydn fueron modelos para las composiciones de Beethoven cuando estaba llegando a su madurez. Si bien la Primera Sinfonía no suena exactamente como si hubiera podido ser escrita por Haydn, Beethoven jamás habría logrado un ingreso tan favorable en las filas de los sinfonistas sin una comprensión profunda de lo que Haydn había logrado en sus propias sinfonías.

Haydn había planeado llevar con él a su joven protegido cuando hizo su segundo viaje triunfal a Londres, en 1794, pero las relaciones cada vez más difíciles y la desconfianza que existían entre maestro y alumno hicieron que Haydn reconsiderara esta idea. Las lecciones de contrapunto cesaron con la partida de Haydn y los dos hombres jamás reiniciaron una relación formal de maestro-estudiante. Cuando Haydn regresó a Viena, en 1795, Beethoven alguna vez le llevaba piezas musicales para que las criticara, pero el joven, a su vez, apreciaba o se molestaba con estas críticas. Beethoven respetaba a su colega mayor, pero se sentía potencialmente en competencia con él. Esta sensación de rivalidad emergió alrededor de 1800, cuando Beethoven ya no se contentaba con ser un compositor de tríos y sonatas al estilo de Haydn. Desafió abiertamente la reputación de este como el más grande compositor viviente, cuando presentó al público su Primera Sinfonía.

Hoy en día es difícil apreciar la audacia de la Primera Sinfonía. Comparada con la poderosa Heroica, la Sinfonía en Do mayor parece mansa. Pero para el auditorio de fines de siglo sugería una aterradora y novedosa visión de la música como un arte de emociones desbordantes más que un adorno social. Seguramente, algunas obras de Mozart y Haydn ya habían superado la emocionalidad de la Primera, pero su música más popular no eran las piezas del tipo Sturm und Drang ("tormenta y tensión"), sino más bien sus primas más elegantemente refinadas y clásicas. Ahora que conocemos las otras sinfonías de Beethoven, la Primera, efectivamente, nos da la impresión de pertenecer más a la era de Haydn que al siglo del romanticismo y, por lo tanto, no debe sorprendernos que durante largo tiempo la Sinfonía en Do mayor de Beethoven haya sido la más popular entre los auditorios conservadores de Viena.

Sin embargo, la novedad radical de algunas características de la Primera Sinfonía no pasó inadvertida a los primeros que la escucharon. En el primerísimo acorde los oídos contemporáneos bien pueden haber percibido el amanecer de una nueva era. En el 1800 virtualmente no existían antecedentes de una sinfonía que se iniciara con una disonancia; aun más audaz era el hecho de no empezar en el tono indicado de Do mayor, sino más bien con una sugerencia de Fa mayor. La orquestación -cuerdas en pizzicato que añaden el giro mordaz al comienzo de cada acorde de los vientos- se suma a la novedad del pasaje. Desde este comienzo dramático la música inicia un camino inexorable e intenso hacia el allegro, que llega con un enorme sentido de resolución: ¡por fin Do mayor!

Hay otros golpes de audacia aparte de esta apertura "fuera de tono". La pulsación de los timbales en el movimiento lento (que aparentemente no logra decidirse entre si quiere ser una forma fuga o una forma sonata) es absolutamente original, como lo es el carácter del tercer movimiento. Aunque aparece anotado como "minué", en la forma habitual, el movimiento es más bien un scherzo, como los que aparecen en las sinfonías posteriores de Beethoven. El compositor era consciente de que, a medida que la sinfonía se hacía más dramática en sus manos que en las de Haydn y de Mozart, el majestuoso minué (vestigio de las estilizadas suites de la danza barroca y de las serenatas rococó) ya no tenía cabida. Con Beethoven, el tercer movimiento funciona como una distensión alegre o hasta cómica después de las profundidades emotivas de un primer movimiento ocasionalmente turbulento y un segundo movimiento a veces triste. En este scherzo-minué el compás de 3/4 se mueve con tanta rapidez que no sentimos tres tiempos sino uno por compás. Como resultado, la frase inicial de ocho compases, que en realidad solamente tiene ocho tiempos, parece enloquecedoramente truncada cuando, en la forma tradicional, no se repite en su aparición final.

Otra innovación de la Primera Sinfonía se produce en la introducción al final. Los violines siguen ascendiendo por la misma escala, sin acompañamiento, alcanzando una nota más alta con cada ascenso sucesivo. Este gesto aparentemente simple raya en lo absurdo, lo que lo convierte en un contraste extremo con respecto al allegro sofisticado que viene a continuación, en el que la escala ascendente se convierte en un motivo omnipresente que llega a ser todo menos obvio. Se sabe que algunos directores de las primeras épocas hasta llegaron a omitir la introducción por temor a que el auditorio se riera.

El contraste de este humor tan obvio con el ingenio refinado de Haydn simboliza las diferencias que median entre la estética de estos dos compositores. Beethoven era capaz de gestos a la vez más obvios y más sutiles que su mentor. Si comparamos la Primera Sinfonía de Beethoven con las últimas obras de Haydn de este género (compuestas cinco años antes), podemos observar en embrión algunas de las diferencias básicas entre la música clásica y la música romántica.

No ha quedado constancia de la reacción de Haydn ante la Primera Sinfonía, pero nos inclinamos a pensar que comprendió el potencial de grandeza futura que contenían sus modestas innovaciones. La confluencia de un homenaje y una rebelión con respecto a la música de Haydn, que percibimos en la sinfonía, seguramente refleja los sentimientos ambivalentes que abrigaba el compositor en ese momento con respecto a su viejo maestro, a quien Beethoven consultaba cada vez con menor frecuencia. En sus últimos años, Haydn expresó desilusión por el olvido de su antiguo discípulo y también confusión ante las composiciones abiertamente revolucionarias de Beethoven, como la Sinfonía Heroica. Sin embargo, después del fallecimiento de Haydn en 1809, Beethoven dejó de hacer comentarios despectivos y no expresó sino admiración por el compositor cuya música había contribuido a dar forma a la propia.