domingo, 7 de septiembre de 2014

LA TIERRA – Verano Brisas

Empiezo con el lugar que ocupas en el Sistema
donde viniste a rodar.
Eres tercera en el grupo que conforman los planetas
borrachos y bailadores, en las tabernas del Sol.

Te acompaña en esa orgía de giros contradictorios,
tu blanca hija, la Luna,
que sin embargo se aleja varios centímetros ciertos
todos los años que pasan por su despejada testa.

No pienso nunca en los días,
mucho menos en las noches,
pues sé de tu recorrido, casi al punto circular,
y tu inclinación causante de todas las estaciones
que propician las cosechas, los ritos y festivales,
la caza y las migraciones de incontables animales.

Achatadita en los polos y hasta con forma de pera,
ignoro muchos detalles de tus órganos vitales,
aunque bien mirado existe valiosa investigación
que nos va diciendo a gotas lo que contiene tu estómago
y en qué forma te alimentas con los mendrugos del Sol.

Te cambian constantemente los fenómenos climáticos,
como la lluvia y el viento, que a veces llegan furiosos
a rematar lo que resta de los crímenes humanos.

Derivas continentales son el fondo de tu historia,
lo mismo que los volcanes
vomitando fuego y lava por sus gigantescas fauces,
sin descontar los estigmas de otras tantas contingencias,
que vienen a desmentir lo que algunos han llamado
el planeta más tranquilo de este Sistema Solar.

Varios cientos de kilómetros
se expande una suave atmósfera sobre tu dura cerviz,
hasta verse confundida con los soplos de tu padre,
que pasan raudos y mudos hacia el lejano Plutón.

Lo que más admiro en ti
son tus mares y anchos ríos,
lo mismo que tus montañas
y tus extensas llanuras cubiertas de oscuras selvas,
donde viven y se mueven
los seres más fascinantes de tu fauna esplendorosa,
y las flores que perfuman mi corazón agorero
con su fragancia sutil.

En tus magnéticos campos interactúas con el viento
que se desprende del Sol;
se balancean y viven como palomas galácticas
partículas de energía (principalmente protones),
que viajan entre los polos en una forma enigmática,
de manera inexplicable para un intelecto escaso
como el que escuchas hablar.

Podría escribir más extenso de tus rasgos esenciales,
que son en última instancia
el alma de lo que somos como seres vertebrados,
con un cerebro asombroso
que ha servido algunas veces para ciertas buenas causas,
aunque en otras tantas listo para acabar con tu vida,
que es la existencia de todos
los que azotamos tu dorso de manera demencial.

Hernán Figueroa Reyes

Hernán Figueroa Reyes (1936-1973) fue un conocido músico, cantante y compositorsalteño de música folklórica de Argentina. Integró Los Huanca Hua en su primera formación y luego emprendió una carrera solista. Hernán Figueroa Reyes nació en Salta en el seno de una familia de artistas. Su padre fue el poeta José Hernán Fiqueroa Aráoz y su madre la actriz y poetisa, Mariela Reyes, directora del teatro folclórico La Cacharpaya. En 1947 sus padres se separaron y él se radicó con su madre y hermano en San Isidro, Gran Buenos Aires. El terminar los estudios secundarios comenzó a estudiar abogacía en la Universidad de Buenos Aires, mientras trabajaba.

Aprendió a cantar y tocar guitarra con el folklorista José María de Hoyos. En 1960 integró la formación original de Los Huanca Hua, junto con Juan Carlos de Franco Terrero, Guillermo Urien y los hermanos Chango Farías Gómez y Pedro Farías Goméz. El grupo revolucionó el modo de interpretar la música folklórica, mediante complejos arreglos vocales, introduciendo la polifonía y el uso de fonemas y onomatopeyas para marcar el ritmo. Integró el quinteto hasta 1963, cuando se separó para iniciar su carrera como solista; fue reemplazado porMarián Farías Gomez.

En adelante formó su conjunto con Emilio "Bocha" Martínez, como primera guitarra y Hernán Rapella, como bombista. En 1966 alcanzó su mayor éxito con la canción "El corralero" de Sergio Sauvalle, y obtuvo su consagración en el Festival de Cosquín. Sus principales escenarios de actuación fueron El Palo Borracho y La Peña de Olivos.
El 2 de febrero de 1973 sufrió un accidente de automóvil en el "km 109" de la ruta nacional RN 9, sufriendo graves heridas que le causaron la muerte el 5 de febrero.
Sus temas propios mas conocidos: "Zamba del cantor enamorado", "Zamba del gaucho guerrero". 


http://www.friki.net/informes/54236-muertes-tragicas-de-famosos-argentinos-2-parte.html


Johann Wolfgang Goethe - La violeta

Una violeta se hallaba en la pradera
inclinada sobre sí e ignorada.
¡Sólo era  una linda violeta!
Llegó una joven pastora,
con paso ligero y espíritu alegre,
por aquí, por allá,
por el prado, y cantaba.

¡Ay!  Pensaba la violeta, si yo fuera
la más bella flor de la naturaleza,
¡Ay! No sólo una pequeña violeta,
Hasta mi la enamorada vendría, me arrancaría
y me abrazaría contra su pecho,
¡aunque fuera solamente
a lo largo de un cuartito de hora!

¡Ay! Pero ¡ay! la muchacha llegó
y descuidada no reparó en la violeta,
pisó a la pobre  violeta.
Se hundió y murió, aún contenta;
Muero pues, así muero,
Por ella, por ella,
A sus pies.

¡La pobre violeta!
Era sólo una linda violeta.

Con este texto Mozart iba a componer un Lied para voz y piano, titulado también Das Veilchen y que lleva el número 476 en el catálogo de Köchel. Esta obra fue compuesta en Viena el 8 de junio de 1785. Mozart compuso un Lied en el que rechazó la forma estrófica. Cada una de las tres estrofas posee una música diferenciada, atendiendo al texto del poeta y a los diversos sentimientos que expresa. Para muestra, en la segunda estrofa (1:01), la música se vuelve soñadora, cuando la violeta expresa sus anhelos, contrastando con la alegre música anterior con la pastorcilla dando saltos por la pradera. Para terminar la obra, Mozart añade dos versos propios a modo de coda de dos compases.

Nos sirven esta joyita la extraordinaria Elisabeth Grümmer, acompañada al piano por Hans Altmann en una grabación de 1960.

http://alamusica.blogspot.com.ar/2014/01/goethe-y-la-musica-v-celebrando-el.html

La violeta - Goethe y Mozart

Ifigenia en Tauride (Argumento)

Christoph Willibald von Gluck
(1714-1787)

Reformador de la ópera, sus primeras innovaciones son visibles en el ballet Don Juan (1761) y en la ópera Orfeo y Eurídice (1762), proseguidas tras un nuevo viaje a Italia en 1763. Regresó a Viena donde compuso Alceste y posteriormente viajó a Parma. De vuelta a Viena, dio lecciones a la archiduquesa María Antonieta, quien más tarde le protegería como reina de Francia.

Es ésta la penúltima ópera de Gluck, en la cual se dan los pasos definitivos hacia la reforma que este compositor buscaba dar el género lírico. La escribió cuando estaba radicado en París en plena beligerancia con el compositor Piccini. Posee un libreto de Nicolas-François Guillard, basado en la tragedia homónima de Eurípides y un drama de Guymond de la Touche. En la adaptación de la música a la historia la obra logra una cabal humanización de la trama, superando incluso cuanto contenido mitológico había en ella. La obra elimina la inclusión del ballet y sintetiza a la perfección los ideales de su autor, por cuanto Gluck no sólo se plantea como un triunfador en sus propósitos sino que se yergue como un artista clásico en la más amplia acepción del término.
Compositor: Christoph Gluck
Libreto: François Le Blanc Du Roullet, según la tragedia de Racine, basada a su vez en la de Eurípides
Título original: Ifigenia i Aulis
Acción: Aulide, ciudad de Grecia, siglo XIII a. C.
"Ifigenia en Táuride" fue estrenada en Francia, en el Teatro de la Opera de París, el 18 de mayo de 1779
 [ver Timeline] La acción se desarrolla en cuatro actos después de la guerra de Troya, en el siglo 13 antes de Cristo.Previa a la trama misma debe saberse que Ifigenia es la hija de Agamenón, rey de Micenas. Este ha sido asesinado por su esposa Clitemnestra, quien en seguida también ha sido ultimada por su hijo Orestes. Ifigenia es ignorante de estos acontecimientos y ha llegado a ser sacerdotisa de Diana en la isla de Táuride, habitada por los escitas.

Acto Primero
Una tempestad sacude a la isla.
En el templo de Diana se encuentran varias doncellas griegas que ofician como sacerdotisas.
Estas son presididas por Ifigenia, quien acaba de tener un sueño que la ha agitado tanto como la tempestad reinante. Algunas sacerdotisas tratan de calmarla. Finalmente la tormenta se aplaca.El rey Toas llega agitadísimo. También él ha tenido sueños terribles y teme por su vida. Sólo eliminando a los enemigos se sentirá seguro y por ello da orden a Ifigenia que sea ella quien de muerte inmediata a cualquier extranjero que pase por allí. Los escitas que acompañan al rey secundan sus palabras y danzan al son de una música primitiva.Dos extranjeros que vienen de tierras lejanas llegan ante Ifigenia. Uno es Orestes, que huye desde hace dos años de su patria, Argos, porque se siente culpable de haber matado a Clitemnestra, su madre. El otro es Pilades, su devoto amigo, que sigue a Orestes dondequiera que éste vaya.Según las normas que ha dictado el rey Toas, los extranjeros deberían ser ejecutados. Pero Ifigenia, al enterarse que son griegos, los interroga respecto de cómo están las cosas en Argos y del destino de la familia real. Orestes, avergonzado de su crimen, oculta su identidad y señala que sólo Electra sobrevive de toda la familia.

Acto Segundo
Orestes y Pilades esperan su destino. Al remordimiento que consume a Orestes por el matricidio cometido se agrega ahora un sentimiento de culpa por haber llevado a su amigo a una situación tan desmedrada y que está poniendo en peligro su sobrevivencia. Pilades es llevado por unos guardias y Orestes se queda solo y en estado de sopor en un calabozo del templo de Diana. Aparecen entonces las Furias, que lo atormentan por ser el asesino de su madre (recuérdese que las Furias son divinidades vengativas de la mitología griega). Llega Ifigenia e interroga más en detalle a Orestes, pero éste no se da a conocer. Ifigenia supone entonces que definitivamente su hermano ha muerto y organiza solemnes honras fúnebres por él y la familia.
Un solemne ritual sagrado cierra el acto.

Acto Tercero
Ifigenia decide enviar a Grecia sólo a uno de los prisioneros, al que librará de la pena de muerte. El elegido será quien lleve un mensaje a Electra. Ifigenia piensa en Orestes, pero los dos amigos se pelean por morir y salvar al otro.Orestes amenaza con suicidarse, de modo que finalmente Ifigenia tiene que decidirse por Pilades. Éste, sin embargo, promete que salvará a su amigo o perecerá en el intento.

Acto Cuarto
Se celebran los preparativos para la ejecución de Orestes. Ifigenia tiene la impresión de que una fuerza superior le impedirá asestar el golpe mortal a la víctima del sacrificio. Las sacerdotisas en pleno invocan a la diosa Diana. Orestes asegura a Ifigenia que su muerte es algo justo. Finalmente Ifigenia toma el puñal sagrado para ejecutar a Orestes, quien se despide de la vida dando a conocer su verdadera identidad. Las sacerdotisas saludan en él a su legítimo rey, e Ifigenia asegura a Orestes que su matricidio ha sido perdonado. Muy inquieto llega el rey Toas, pues no se han llevado a cabo las ejecuciones. Toas decide actuar él mismo y se dispone a matar a Orestes cuando entra Pilades, quien mata al rey. Los griegos con los que ha vuelto Piladse se disponen a la matanza de los escitas, pero la diosa Diana se aparece para defender las vidas de sus lejanos súbditos, aunque favorecerá el retorno de Ifigenia, Orestes y Piladse a Grecia.

Hasta 1762 compuso en el estilo de sus contemporáneos, cultivado especialmente en Italia y marcado por una música destinada a los virtuosos del canto. Pero con el tiempo, Gluck se mostró en desacuerdo con el carácter convencional de la ópera italiana que se distinguía por una brillantez superficial y una densa ornamentación melódica. Comenzó a desarrollar un nuevo estilo, por medio del cual intentó recuperar el propósito original de la ópera: expresar sentimientos y emociones transformados en palabras, por medio de la música. Persiguiendo este fin colaboró con el gran renovador del ballet, el francés Jean Georges Noverre. Hacia 1760 entró en contacto con el poeta italiano Ranieri di Calzabigi; éste escribió un libreto para Gluck que coincidió perfectamente con las ideas del compositor sobre el equilibrio que debía existir entre la música y las palabras. La ópera que resultó de esta unión fue Orfeo y Eurídice, que sobrepasó en grandeza, calidad dramática y espontaneidad a todas sus anteriores composiciones. Se estrenó con gran éxito en Viena el año 1762. Del resto de sus grandes óperas sobresalen Alceste (1767) y Paris y Elena (1770), con textos de Raniero de Calzabigi; Ifigenia en Áulide (libreto de Ruullet, 1774) y Armide (1777).

Otras Operas de Gluck
Los chinos (1754)
La danza (1755)
La inocencia justificada o La vestal (1755)
Orfeo y Euridice (1762)
Los peregrinos de La Meca o El reencuentro imprevisto (1764)
La corona (1765)
Paris y Elena (1770)
Ifigenia en Aulide (1774)
Alceste (1776)
Armida (1777)
Ifigenia en Tauride (1779)
Eco et Narciso (1779)


http://www.blogclasico.com/2008/10/christoph-gluck-ifigenia-en-tauride.html

sábado, 6 de septiembre de 2014

Enya - Only Time

¿Quién puede decir adónde va el camino, dónde el día fluye? Solamente el tiempo...

¿Y quién puede decir si su amor crece, como su corazón eligió? Solamente el tiempo...

¿Quién puede decir porqué sus suspiros del corazón, como su amor vuelan? Solamente el tiempo...

¿Y quién puede decir porqué grita su corazón, cuando su amor muere? Solamente el tiempo...

¿Quién puede decir cuándo los caminos satisfacen, ese amor pudo estar, en su corazón?

¿Y quién puede decir cuándo duerme el día, si la noche guarda todo su corazón? La noche guarda todo su corazón...

¿Quién puede decir si su amor crece, como su corazón eligió? Solamente el tiempo...

¿Y quién puede decir adónde va el camino, dónde el día fluye? Solamente el tiempo...

¿Quién sabe? Solamente el tiempo... ¿Quién sabe? Solamente el tiempo...


Bella - Pablo Neruda


BELLA,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relámpago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.

Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando, flor del mundo,
así te veo,
bella.

Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.

Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay países, hay ríos
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.

Bella,
tus senos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.

Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.

Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.

Bella, mi bella,
tu voz, tu piel, tus uñas
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mío, bella,
todo eso es mío, mía,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre,
cuando estás cerca o lejos,
siempre,
eres mía, mi bella,
siempre.


LOS DIEZ MANDAMIENTOS SEGUN OSHO

-No obedezcas ningún mandato a no ser que sea un mandato desde tu interior.

-No hay otro Dios que la vida misma.

-La verdad está dentro tuyo. No la busques en otra parte.

´-El amor es una plegaria.

-El vacío es la puerta abierta hacia la verdad. El vacío es el medio, el destino el logro.

-La vida es aquí y ahora.

-Vive, totalmente despierto.

-No nades, flota.

-Muere a cada instante para que puedas nacer de nuevo a cada instante.


-No busques, aquello que es, es; párate y mira