viernes, 23 de enero de 2015

LA ANGUSTIA DE FONDO
Wolfgang Amadeus Mozart
Sinfonía número 36. KV 425 “Linz”

Una extraña seriedad llena de preguntas sin respuesta recorre los cuatro movimientos de la Sinfonía Linz, compuesta en solo cuatro días pero dotada de una profundidad y una riqueza musical dignas de las obras mayores de Mozart. Es la expresión de un hombre doliente, del Mozart que esos mismos días dibujó a lápiz un Ecce Homo a manera de autorretrato para regalárselo a su esposa, Constanza. La sinfonía que abre el programa de esta noche fue compuesta a toda prisa para corresponder a la hospitalidad del conde Thun, que recibió con todos los honores en su residencia de Linz a la pareja en su atribulado camino de vuelta a Viena, desde Salzburgo, en el otoño de 1783. Mozart no quiso salir del paso con una música de circunstancias y rebuscó dentro de su alma. En esos días atravesaba uno de los tramos más amargos de su vida.

Y sin embargo pocos meses atrás todo parecía sonreír a la joven pareja. A pesar de que el rechazo de su padre a la boda le había producido una gran amargura Mozart decidió seguir su camino también en su vida sentimental y resolvió casarse sin el permiso paterno. Constanza y Wolfgang parecían haber conquistado su pedazo de cielo. En menos de un año cambiaron cuatro veces de casa, siempre a mejor y cada vez con más sirvientes, mejores muebles y un piano nuevo que costó como dos años de alquiler de un piso. Casi cada noche su casa se convertía en un escenario de música, bailes y juegos que reunía a sus nuevos e influyentes amigos. La apuesta por la libertad y la huida a Viena tras romper con el arzobispo Colloredo en 1781 había resultado un acierto y por fin las cosas marchaban bien, los conciertos de suscripción se agotaban y El rapto en el serrallo era la única ópera en alemán que se salvaba del hundimiento general del singspiel, la única que agotaba la taquilla cada sesión. Y para colmar tanta felicidad Constanza quedó embarazada.

1782 y 1783 fueron también el tiempo feliz en que Mozart pudo estudiar en la biblioteca del barón Swieten las grandes partituras de Haendel y Bach y el tiempo en que estrechó su amistad con Haydn aprovechando sus visitas a Viena desde Estherhaza. Mozart encaraba ya su período de madurez, la década final, su cima. Estaba traduciendo su estudio del contrapunto y la fuga en asombrosos avances de su propia escritura, más ostensibles en los cuartetos dedicados a Haydn, algunos de los cuales (KV 421 y KV 428) enmarcan cronológicamente a la Sinfonía Linz. Haydn correspondió a ese fervor con su admiración y le hizo un favor impagable a Mozart cuando escribió a Leopoldo Mozart que “su hijo es el mayor compositor conocido por mí en persona”. Haydn sabía que el drama de Mozart estaba anclado en complejos afectos familiares.

El 17 de julio de 1783 Constanza dio a luz a un niño “redondo como una bola” cuya llegada animó a la pareja a emprender el siempre aplazado viaje a Salzburgo. Mozart seguía sin atreverse a presentar a su mujer ante su padre y pensó que ahora, tras hacerlo abuelo, las cosas serían más fáciles. Pero la visita de tres meses a la casa paterna fue un calvario de desencuentros que se convirtió en tragedia por la muerte del pequeño Raimundo Leopoldo, al que habían dejado en Viena al cargo de una nodriza. El camino de vuelta a casa, avanzado octubre, fue el amargo viaje a la realidad, nunca más volvería a Salzburgo ni recuperaría ya el afecto de su padre. Solo la hospitalidad del conde Thun en Linz supuso un consuelo y para agradecerlo Mozart programó un concierto. “Como no he traído conmigo ninguna sinfonía estoy metido hasta el cuello en una nueva”, le escribió a su padre. La procesión iba por dentro y acabaría aflorando en esa música. “Mozart parecía no reflexionar ni pensar en nada pero bajo una apariencia frívola disimulaba su íntima angustia por causas que no podíamos descubrir”, escribió mucho después su cuñado Joseph Lange, el actor que se casó con Aloysia Weber, primer y verdadero gran amor de Mozart.

La Sinfonía Linz presenta en su forma externa la influencia de Haydn, especialmente de sus recientes Cuartetos rusos Op. 33 en los que el propio autor admite que desarrolla “un modo nuevo muy particular”. Mozart quedó impresionado al estudiar las últimas seis partituras del padre del clasicismo vienés que le parecieron un mundo de formas completamente nuevo al que decidió contribuir con sus Cuartetos Haydn. Uno de ellos, el KV 421, lo terminó de escribir mientras Constanza daba a luz en el cuarto de al lado pero a pesar del feliz acontecimiento expresa sentimientos de honda preocupación. Meses más tarde, en Linz, esa atmósfera resulta todavía más obvia.

Haydn está presente en la Sinfonía Linz desde los primeros compases, desde la inusual introducción con que se abre siguiendo la pauta de una de las últimas de su amigo, la Sinfonía número 75 compuesta un año antes, que arranca con una introducción lenta. La gravedad que traspasa toda la sinfonía ¿con excepción quizá del tercer movimiento- se traduce en una expresión de seriedad y de carácter interrogativo. El final, cuyo tema principal tiene ecos en la más dramática escena de Don Giovanni, intenta expresar una alegría que resulta ficticia. Mozart está pensativo.

A pesar de las prisas de su composición, el lenguaje de la Sinfonía Linz es más maduro, el profundo estudio de Bach y Haydn empieza a dar sus frutos y Mozart expresa ya sus ideas con la nobleza y la carga personal que marcarán el tramo final de su obra. En Linz, mientras escribe a toda velocidad una sinfonía que le sale del alma no puede sino mostrarse como está, dolorido y grave.

http://www.rtve.es/rtve/20100322/comentario-concierto-esta-semana/324678.shtml

Mozart - Sinfonía nº 36 "Linz"

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