lunes, 7 de julio de 2014

Ese gran simulacro - Mario Benedetti

Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro

el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda

en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinaran por el olvido
como si fuese El Camino de Santiago

el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite/
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrará los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.

Galileo Galilei 

(15/02/1564 - 08/01/1642) 

Físico y astrónomo italiano 

"En lo tocante a ciencia, la autoridad de un millar no es superior al humilde razonamiento de un hombre."

Nació el 15 de febrero de 1564, cerca de Pisa.

Cursó estudios en Vallombroso, y en la en la Universidad de Pisa en 1581, donde pretendía estudiar medicina. Al poco tiempo dejó la medicina por la filosofía y las matemáticas, abandonando la universidad en 1585 sin conseguir el título.

Comenzó a impartir clases particulares y escribió sobre el movimiento hidrostático y natural, pero sin publicar nada. En 1589, en Pisa, ejerció como profesor de matemáticas, donde demostró el error que Aristóteles había cometido al afirmar que la velocidad de caída de los cuerpos era proporcional a su peso, dejando caer desde la Torre inclinada de esta ciudad dos objetos de pesos diferentes. En 1592 fue admitido en la cátedra de matemáticas de la Universidad de Padua, donde permaneció hasta 1610. Allí inventó un 'compás' de cálculo para resolver problemas prácticos de matemáticas.

De la física especulativa pasó a dedicarse a las mediciones precisas, descubriendo las leyes de la caída de los cuerpos y de la trayectoria parabólica de los proyectiles, se dedicó a estudiar el movimiento del péndulo e investigó la mecánica y la resistencia de los materiales. Dejó de un lado la astronomía, aunque a partir de 1595 se inclinó por la teoría de Copérnico, que afirmaba que la Tierra giraba alrededor del Sol.

En 1609 presentó al duque de Venecia un telescopio de una potencia muy parecida a los prismáticos binoculares. Con su telescopio de veinte aumentos descubrió montañas y cráteres en la Luna, consiguió ver que la Vía Láctea estaba compuesta por estrellas y descubrió los cuatro satélites mayores de Júpiter. Unos meses después publicó El mensajero de los astros, libro en el que hablaba estos descubrimientos.

Su fama le ayudó a conseguir el puesto de matemático en la corte de Florencia, donde quedó libre de sus responsabilidades académicas y pudo dedicarse a investigar y escribir. En diciembre de 1610 vio las fases de Venus, que iban totalmente en contra a la astronomía de Tolomeo y confirmaban su aceptación de las teorías de Copérnico. Fue criticado por los profesores de filosofía, ya que Aristóteles había afirmado que en el cielo sólo podía haber cuerpos perfectamente esféricos y que no era posible que apareciera nada nuevo. En 1612 publicó un libro sobre cuerpos en flotación. Rápidamente aparecieron cuatro publicaciones que rechazaban su física.

Un año después escribió un tratado sobre las manchas solares y anticipó la supremacía de la teoría de Copérnico. En 1614, un cura florentino lo denuncia a él y a sus seguidores. Galileo escribió una extensa carta abierta sobre la irrelevancia de los pasajes bíblicos en los razonamientos científicos, sosteniendo que la interpretación de la Biblia debería ir adaptándose a los nuevos conocimientos y que ninguna posición científica debería convertirse en artículo de fe de la Iglesia católica.

A principios de 1616, se prohibieron los libros de Copérnico y el cardenal jesuita Roberto Belarmino le ordena que no defendiera el concepto de que la Tierra se movía. Galileo no tocó el tema durante algunos años dedicándose a investigar un método para determinar la latitud y longitud en el mar basándose en sus predicciones sobre las posiciones de los satélites de Júpiter, además de resumir sus primeros trabajos sobre la caída de los cuerpos y a exponer sus puntos de vista sobre el razonamiento científico en una obra sobre los cometas, El ensayador (1623).

En 1624 escribe un libro al que pretendía llamar Diálogo sobre las mareas, en el que abordaba las hipótesis de Tolomeo y Copérnico respecto a este fenómeno. Seis años después consiguió la licencia de los censores de la Iglesia católica de Roma, y le pusieron por título Diálogo sobre los sistemas máximos, publicado en Florencia en 1632. A pesar de todo la Inquisición le llamó a Roma con la intención de procesarle por "sospecha grave de herejía". En 1633 le obligaron a abjurar y fue condenado a prisión perpetua (condena que le fue conmutada por arresto domiciliario). Los ejemplares del Diálogo fueron quemados. Su última obra fue Consideraciones y demostraciones matemáticas sobre dos ciencias nuevas, publicada en Leiden en 1638.

Galileo Galilei falleció el 8 de enero de 1642 en Florencia.

Obras

1586 - La bilancetta
1590 - De motu
1606 - Le operazioni del compasso geometrico et militare
1600 - Le meccaniche
1610 - Sidereus nuncius
1615 - Carta a la Gran Duquesa Cristina
1616 - Discorso del flusso e reflusso del mare
1619 - Discorso delle comete
1623 - Il saggiatore
1632 - Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo tolemaico e copernicano
1638 - Discorsi e dimostrazioni matematiche, intorno a due nuove scienze attenenti alla meccanica & i movimenti locali

"Una amistad sin confianza 
es una flor sin perfume."

Laure Conan



LLUVIA - Gustavo Adolfo Bécquer

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje. 

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!


                                                                                              Debes ver la lluvia caer - Rod Stewart
"La arquitectura es una música de piedras; y la música, una arquitectura de sonidos". 

Ludwig van Beethoven


" LI PO o LI TAI PO 
(chino, 701 - 762) 

Es el poeta más famoso y popular de la dinastía Tang, considerada la época de oro de la poesía china. Según testimonios de su tiempo, escribió cerca de 20.000 poemas, de los que se han conservado menos de la décima parte. A pesar que el siglo VII fue uno de los más convulsionados de la historia china, Li Po prefirió un tono lírico individualista y desenfadado, experto en cantar las glorias del vino y de la naturaleza


Alabanza al vino

No amara el cielo el generoso vino
el «astro-vino» en la serena noche
no diera al hombre el celestial derroche
de su fulgor lejano purpurino.
Ni roja fiesta en tibia primavera
llenara de alegría las campiñas
si el jugo embriagador no nos lo diera
el alma tierra con sus dulces viñas.
Si cielo y tierra el vino te ofreciera
¿Por qué temer tan santa borrachera?
Hubo famosos sabios borrachines;
con tres copas no más el cielo se abre
y es tuyo el universo y sus confines.
Es un rapto fugaz a lo ignorado
que al abstemio infeliz nunca le es dado."




Políticos eran los de antes, que usaban sus propios recursos y a veces se arruinaban para hacer política... 
Este ejemplo me hizo recordar una buenísima nota que el escritor, historiador y periodista político de Santa Fe Rogelio Alaniz escribió hace muchos años, cuando todavía no existía Internet (la conservo en recorte: la buscaré para transcribirla entera): "La Culpa es de Pericles" donde reflexionaba acerca de la involución que supuso para el futuro de la política su pase de servicio honorable y gratuito que los notables debía ofrecer a Atenas, a un trabajo pago por la dificultad en conseguir que la gente capaz descuidara sus actividades para hacerlo.
Cualquier parecido con nuestra realidad actual, donde se le debe pagar a los ciudadanos para que ejerzan funciones electorales que deberían ser un dedicado compromiso con la democracia que tanto nos costó recuperar, NO es pura coincidencia.

¡Este excelente ejemplo de argentino nos debiera enorgullecer a todos, sin importar banderías políticas!

Más pobre que Mujica: y fue nuestro:

En Argentina hubo un presidente que tuvo que vender su auto y terminó trabajando en una panadería. Le dieron un golpe de Estado. Casi nadie lo recuerda.

Se ha dicho, con infinita inocencia, que la modestia del presidente José Mujica tal vez sea un ejemplo que marcará huella en las futuras generaciones de uruguayos. Sin embargo, hay malas noticias que llegan del pasado y de acá nomás. En Argentina –en donde los últimos presidentes han sido y son dueños de un millonario patrimonio- hubo un mandatario bastante más pobre que Mujica, cuya gestión fue más removedora que la del ex guerrillero tupamaro y el cual, pese a eso o tal vez precisamente por eso mismo, fue derrocado por un golpe de Estado del que no quedó afuera casi nadie.

Y, lo peor, a treinta años de su muerte, su nombre ha ido a dar al panteón del casi olvido sin que su herencia de honestidad haya hecho demasiada huella en los estamentos políticos y sociales de su país.

Se llamó Arturo Illia y fue elegido en su cargo como candidato de la Unión Cívica Radical (UCR) en las elecciones de 1963 luego de ejercer durante años como médico rural en el humilde pueblo cordobés de Cruz del Eje.

La única propiedad que tuvo Illia en su vida fue una pequeña casa que, precisamente, gestionaron y ayudaron a pagar sus vecinos en agradecimiento a los servicios prestados. Fue el único presidente argentino que se negó a recibir una jubilación del Estado y sobrevivió hasta su muerte en 1983 trabajando en la panadería de un amigo.

Durante su breve gestión, Argentina creció económicamente como nunca había crecido antes y el desempleo bajó del 8% al 4%. Illia creó el denominado “salario, mínimo, vital y móvil”, subió los sueldos sin provocar inflación y le dedico a la educación un porcentaje sin precedentes. Se enfrentó a las empresas petroleras, a las que impidió seguir llevándose la mayor parte de la explotación del crudo, y se tiró encima a los grandes laboratorios al ponerle tope al precio de los medicamentos. Además, la libertad de prensa era absoluta.

Entonces, no solo los militares empezaron a conspirar contra su gobierno. También buena parte de los empresarios, de la Iglesia, de la prensa, de las asociaciones rurales y de los sindicatos dirigidos por el peronista Augusto Vandor. Decían que tenía un carácter débil; lo retrataban en los periódicos como si fuera una tortuga; golpeaban la puerta de la embajada de Estados Unidos; armaban aquelarres en los cuarteles.

El semanario Primera Plana de Jacobo Timerman le hizo una entrevista a la esposa de Illia solo para mostrarla como una señora sin lustre y sin título, educada en un hogar humilde, sin ningún tipo de complejidad en sus razonamientos. Illia, mientras tanto, tuvo que vender su auto porque no quería usar los fondos del Estado para solventar los gastos que le imponía su cargo.

El 28 de junio de 1966, el general Juan Carlos Onganía resolvió dar el golpe contra este veterano con fama bien ganada de incorruptible y de demócrata hasta las últimas consecuencias. Los militares se le vinieron encima en la Casa Rosada y un grupo de allegados tuvo que escoltarlo hasta la casa de su hermano en donde se quedó un tiempo hasta que volvió a Cruz del Eje.

Poco y nada quedó del ejemplo de este médico rural tras su paso por la presidencia. La Argentina siguió penando mayormente entre dictaduras militares y gobiernos dudosamente peronistas. Por supuesto, los que luego entraron en la Casa Rosada no tenían problemas económicos y, si tenían alguno, lo resolvieron echando mano a la caja pública.

Por eso, hoy que el mundo se asombra ante la modestia de un presidente uruguayo, no viene mal acordarse de este señor nacido en Pergamino que durante toda su vida –en el llano y en el poder- tuvo que trabajar para poder comer decentemente.