sábado, 30 de agosto de 2014

Nuestra Señora de París – Victor Hugo

Hablar sobre un libro como “Nuestra Señora de París” es una tarea complicada, puesto que mucho se ha dicho sobre él y, a estas alturas, es difícil añadir algo novedoso o sustancial. Quizá el problema estribe en que esta novela es de una factura casi ejemplar y que sus características son simples, pero tremendamente eficaces a la hora de lograr agradar al lector.

Habría que empezar por decir que “Nuestra Señora de París” es un libro de encargo, escrito (como tantos otros de la época) por Victor Hugo debido a la solicitud de un editor que quería publicar una novela histórica al estilo de las de Walter Scott, que hacían furor al otro lado del Canal. Y el gran autor francés, tras unos cuantos retrasos (debidos a circunstancias revolucionarias y a la escritura de otras obras), se descolgó con este novelón de factura impecable —en cuanto a forma— y de contenido sencillo… sólo en apariencia.

Porque —y he aquí uno de los puntos fuerte del libro— Hugo, en efecto, fraguó una novela histórica excelente (con algunas salvedades que veremos después), pero plasmó en ella muchas de sus preocupaciones sobre los acontecimientos de su tiempo: el reinado de Carlos X, la revolución de 1830 o la monarquía de julio de Luis Felipe I, último monarca de Francia; y no sólo sobre hechos históricos, sino sobre temas más mundanos y cercanos, como la conservación de los monumentos o la relevancia de la cultura escrita.

Ateniéndonos a la trama del libro, “Nuestra Señora de París” es un claro ejemplo de la novela de ambientación histórica que Scott desarrollaba (en “El corazón de Mid-Lothian”, sin ir más lejos). No tan centrado en el personaje de Quasimodo como cabría esperar por sus traducciones y adaptaciones posteriores, el libro narra las peripecias de este personaje y su protector, el dómine Claudio Frollo, enamorados ambos de la Esmeralda, una gitana que baila con su cabra por las calles del París de 1482, y que rechaza sus atenciones en favor del capitán de arqueros Febo de Chateaupers.

 En medio de esta historia se entrecruzan las vicisitudes de Pedro Gringoire, dramaturgo aficionado y filósofo diletante, Paquette la Chantefleurie, abnegada mujer que jugará un papel decisivo en la trama, el hermano menor de Claudio Frollo, Jehan, estudiante juerguista y follonero sin par, o Clopín Cojoloco, rey de los mendigos de París y defensor de la Esmeralda.

Todos estos personajes, y algunos más, tejerán un argumento repleto de amoríos, encarcelaciones, secuestros, duelos y muertes, y que no desentrañaremos aquí por mor de la concreción y para no desvelar detalles que revelen el final de esta intriga. Baste resumir que, por encima de cualesquier otros detalles, el amor es el motivo fundamental de esta obra; el amor en diferentes variantes: legítimo, filial o lascivo. Y que todo ese amor, como no podía ser de otra manera, convierte a los protagonistas en marionetas a merced de un destino inevitable y cruel.

Sin embargo, por encima de las consideraciones argumentales, cabe resaltar que Victor Hugo escribió una obra muy interesante por su estilo y por su manera de enfocar la peripecia narrativa. Porque, pese a estar escrita poco antes de mediados del siglo XIX, su autor exhibió recursos muy avanzados a su tiempo, como el monólogo interior, o la intrusión del escritor en la narración para aclarar, explicar o hacer alarde de conocimientos (en la mejor tradición del “Tristram Shandy” de Sterne).

El francés introduce comentarios en distintos puntos para expresar su opinión y, por ejemplo, lanzar un discurso en el que expone su rechazo a las torturas y la pena de muerte; incluso entremezcla algunos capítulos completos dedicados a la decadencia de la cultura arquitectónica frente a la cultura escrita, impulsada con la invención de la imprenta.

Y quizá este punto sea el único un tanto flaco de la novela, puesto que las digresiones —aunque habituales (y hasta necesarias) en esta clase de libros— distraen al lector de la trama principal; cuando son tan largas como la anteriormente citada, el retomar el hilo de la narración es casi un juego de prestidigitación, puesto que Hugo abandona a sus personajes en mitad de situaciones que, en algún momento, son de tensión. Obviamente, parte de la inquietud generada se pierde en esas ramificaciones que, no obstante, son muy interesantes; simplemente, están situadas en un lugar poco afortunado.

Se agradece que Hugo compare su siglo XIX con aquel XV del que escribe, a veces para bien, a veces no. Esos contrastes ayudan al lector a comprender cuán absurda, en ocasiones, ha resultado la evolución de las costumbres, y la degeneración que la civilización ha provocado.

“Nuestra Señora de París”, como se puede ver, es mucho más que una novela de aventuras históricas. Y todo ello merced al genio de Victor Hugo.

http://www.solodelibros.es/29/12/2006/nuestra-senora-de-paris-victor-hugo/

Nuestra señora de París – Víctor Hugo
http://aristobulo.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2008/10/victor-hugo-nuetra-senora-de-paris1.pdf

EL HUMOR, LA POESÍA, LA PULGA Y LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA

El compositor Benet Casablancas nos habla de la presencia sonora del humor en la música clásica, en su ensayo El humor en la música / Broma, parodia e ironía, y cita a Freud, que ya recomendaba dosis de humor para la salud psíquica, puesto que mediante "la forma humorística se puede decir todo, incluso la verdad".
¿Y la política con humor?, ¿funcionaría, se ha probado alguna vez?

De Goethe reproducimos un fragmento del Fausto, donde Mefistófeles canta La canción de la pulga, en la "Taberna de Auerbach, en Leipzig, o reunión de alegres compañeros", canción sobre la que Beethoven compuso un lied.

Nos advierte Mefistófeles que esta canción la trae de España, es decir, que no se trata de una pulga alemana, ni de la pulga inglesa, erótica, de John Donne, sino de una pulga española.

-Mefistófeles (cantando):

Érase una vez un rey
que una gran pulga tenía;
tan tiernamente la amaba
como si fuera su hija.
Al sastre mandó llamar
y dijo: "Toma medidas
a esta pulga, que es mi amiga".

-Brander: Sobre todo no olvidaría de encargar al sastre que le tomase con exactitud las medidas, a fin de que no se notase en sus calzones ni una arruga.
-Mefistófeles (sigue cantando):

De terciopelo y de seda
tenémosla ya vestida;
su traje lazos llevaba;
su pecho una cruz lucía;
Luego el rey la hizo ministra
y ennobleció a su familia.
Gran revuelo hubo en la corte;
la pulga a todos mordía
sin respetar a la reina
más que a cualquier camarista.
Ninguno osaba a la pulga
aplastar, si hacia él venía,
ni aun rascarse, por no hacer
a su rey entrar en ira.
Mas nosotros nos rascamos
si alguna pulga nos pica.

-Todos a coro con grandes gritos de alegría:

Mas nosotros nos rascamos
si alguna pulga nos pica

http://pensionulises.blogspot.com.ar/2014/07/el-humor-la-poesia-la-pulga-y-la-musica.html

Música y Humor

El humor ha estado presente a lo largo de toda la historia de la música, desde el Renacimiento con las ensaladas, hasta "El gran macabro", de Ligeti. Unas veces es humor directo, muy perceptible cuando se trata de música vocal, donde la transgresión esta en el texto; otras, es sutil y refinado. En el siglo XIX, la ironía en la línea de los grandes pensadores románticos; y en el XX, la sátira social e ideológica .

La antelación del lenguaje musical es la causa principal por la que al melómano no conocedor de la gramática y la sintaxis de la música le pasa inadvertido el humor más sutil. En el acto del concierto hay muchas convenciones que hacen muy difícil que se produzca una risotada por parte del público cuando escucha una obra, si no es broma muy evidente.

Angels Pal

http://pensionulises.blogspot.com.ar/2014/07/el-humor-la-poesia-la-pulga-y-la-musica.html

                                                                             Bolero de Ravel con humor
A UNA LÁGRIMA - José Ángel Buesa

Gota del mar donde en naufragio lento
se hunde el navío negro de una pena;
gota que, rebosando, nubla y llena
los ojos olvidados del contento.

Grito hecho perla por el desaliento
de saber que si llega a un alma ajena,
ésta, sin escucharlo, le condena
por vergonzoso heraldo del tormento.

Piedad para esa gota, que es cual llama
de la que el corazón se desahoga
cual desahoga espinas una rama.

Piedad para la lágrima que azoga
el dolor, pues si así no se derrama,
el alma, en esa lágrima se ahoga...
Danzas Polovtsianas - Alexander Borodin

Las Danzas Polovtsianas están extraídas de la ópera El Príncipe Igor, habiéndose convertido en pieza recurrida del repertorio para orquesta.
Los polovtsi son una etnia tártara del Asia Central, que en el siglo XII estuvieron regidos por el khan Konchak.
En la ópera, la orquesta está acompañada por coros, que se suelen omitir en las versiones orquestales.
Son danzas vigorosas y arrebatadoras, que contagian el entusiasmo y la nostalgia típicos del arte popular ruso.
Comienza con una procesión de cautivos y la danza de los hombres salvajes, para desembocar en la danza juvenil de guerra y en la de las doncellas, y acabar en un torbellino final.

http://www.hagaselamusica.com/ficha-obras/danzas/


Albert Ketelbey
 (Gran Bretaña, 1875-1959)

1915 -   El jardín de un monasterio
1920 -   En un mercado persa
1924 -   Santuario del corazón
1931 -   En la tierra mística de Egipto
1935 -   With Honour Crowned

Otras Obras:

La melodía del fantasma (pieza orquestal-1912)
En el jardín de un templo chino (pieza orquestal-1925)

Biografía:

       Compositor inglés nacido en Birmingham. A los 11 años, escribió una sonata para piano, que interpretó en Worcester en presencia de Edward Elgar (por aquel entonces profesor de música en esa ciudad). Después de un tiempo en el Milland Institute School of Music y en el Fitzroy College de Londres, obtuvo una beca para estudiar en el Trinity College of Music de esta ciudad. También fue nombrado organista de la Iglesia de St. John de Wimblendon. Cuando concluyó sus estudios se sumergió de lleno en el mundo de los teatros londinenses de la última época victoriana como director del Vaudeville Theatre. Ketèlbey se distinguió en numerosos campos, especialmente en composición.

Escribió un buen número de piezas para piano con el seudónimo de Antón Vodorinski, pero la música por la que se le recuerda en la actualidad es la serie de piezas orquestales atmosféricas que comenzó en 1912 con La melodía del fantasma. Siguió en 1915, con En el jardín de un monasterio, un "intermezzo característico", estableciéndose así un modelo para el resto de obras que alumbró en los años veinte y los primeros años de la década siguiente, como En un mercado persa, una "escena intermezzo" de 1920 o En el jardín de un templo chino, una "fantasía oriental" de 1925.  © epdlp

viernes, 29 de agosto de 2014



Canciones con historia: Karma Chameleon - Culture Club

“Karma Chameleon” constituye una de las canciones más destacadas de Boy George y su agrupación Culture Club, que fue lanzada en 1983. Forma parte de su segundo álbum de estudio Colour by Numbers. La canción obtuvo el Brit Award, en la categoría "Mejor Sencillo Británico" en el año 1984.

Video musical
El video fue dirigido por Peter Sinclair y filmado en Desborough Island, Weybridge durante el verano de 19831 En este video, Boy George utiliza un conjunto parecido a un vestido de mujer, todo tipo de accesorios entre ellos trenzas y maquillaje y está ambientado en Mississippi, en el año 1870. El grupo se encuentra cantando sobre una especie de barco a vapor, dando una sensación de serenidad, que conlleva consigo la canción. La canción, debido a su ritmo contagioso, ha sido utilizada para muchos anuncios en el canal televisivo VH1 y también para eventos y películas.

Wikipedia